Squeak the mouse

Massimo Mattioli, cofundador junto con Tamburini y Liberatore (autores de Ranxerox), de la mítica revista Cannibale, fue uno de los principales humoristas gráficos de Italia, y quizás el que gozó de mayor reconocimiento en el extranjero (¡nadie es profeta en su tierra!).

Muchos de sus cómics, dirigidos tanto al público infantil como al adulto, comparten atmósfera con los cortos animados clásicos de los años 40 y 50, pero es evidente que también respiran la esencia del cómic underground.

Si la del simpático Pinky, el conejo reportero, es su serie más longeva (1973-2014), su creación más conocida es Squeak the mouse, más desternillante que Submundo de Kaz y más obscena que la obra de Crumb, y cuyos protagonistas son dos personajes que seguramente sirvieron de modelo para los archiconocidos Rasca y Pica.

En Squeak the mouse, una serie de tiras cómicas de corta extensión que fueron publicadas por primera vez en 1980 en las páginas de Frigidaire, el autor realiza una ácida y feroz parodia de los dibujos animados infantiles, y el clásico juego del gato y el ratón está salpicado de inusitadas dosis de pornografía, violencia y gore, debidas en gran medida a la influencia del cine de explotación, tan popular en la década de los ochenta (películas como Halloween de Carpenter, Nightmare on Elm Street de Wes Craven o Lo squartatore di New York de Fulci se estrenaron entre 1978 y 1984).

Etiquetadas por su autor como «goretoons» o «porn splatter», estas breves historias en las que el ratón Squeak es perseguido, decapitado y asesinado repetidamente por un psicótico gato, tuvieron un éxito atronador desde sus primeras apariciones, convirtiéndose en obra de referencia para toda una estirpe de autores underground.

Tras un largo período de invisibilidad, y a pesar de la dificultad y el coste que ha representado para las editoriales, en 2019, coincidiendo paradójicamente con el fallecimiento de Mattioli, se han reeditado, además de Squeak the mouse, dos de sus obras más conocidas: Superwest y Bazooly Gazooly, lo cual supone una suerte para cualquiera que quiera descubrir el arte de una de las figuras más peculiares e intensas del cómic mundial quien, paralelamente a su actividad como autor de cómics e ilustrador, se dedicó a escribir cuentos y guiones para cine y televisión.

Su obra, ampliamente expuesta en toda Europa, también apareció en su día en las páginas de revistas como Artefact, Corto Maltese o El Víbora.

El hombre de los mil nombres vive y trabaja en Barcelona. Cuenta la leyenda que en el momento de su alumbramiento apareció envuelto en páginas de cómics. Experto en el arte del documental y maestro del fotomontaje, es un alma buena que sobrevive en un mundo donde reina el caos. El webmaster de Los de la Bici tiene profundos ojos negros y una memoria prodigiosa.

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