The Irishman

El fatalismo del cine de gángsters

El estreno de una nueva obra de Martin Scorsese, uno de los más grandes directores que desde finales de los años sesenta no ha parado de contar historias memorables a través de películas imborrables, es siempre un acontecimiento.

La vigesimoquinta película de ficción del director neoyorquino nos presenta una nueva crónica de gángsters, quizás su género más explotado, con un trío de protagonistas de leyenda conformado por Robert De Niro, Joe Pesci y Al Pacino. Repasando las obras más icónicas de este subgénero, es fácil darse cuenta de como Mean Streets rezumaba de inocencia y juventud, en Goodfellas la adrenalina del presente era el motor del festival y en Casino la historia quedaba enmarcada en el existencialismo de la madurez; en cambio, The Irishman es puro fatalismo “gangsteril”, se despoja de cualquier atisbo de glamour y relata, a través del propio protagonista, el recorrido vital de un sicario tan frío como consciente de sus errores.

La película nos descubre a Frank Sheeran, un camionero irlandés que se adentra en el ambiente mafioso hasta lograr convertirse en un asesino sin escrúpulos. La historia está narrada directamente por el protagonista, que desde una residencia de ancianos repasa su vida y sus memorias: sus inicios, robando carne a sus jefes para entregarla a los capos de la mafia, su relación de empleado y amigo del boss Russell Bufalino (un impresionante Joe Pesci) y su relación shakesperiana con el jefe del sindicato de transportistas Jimmy Hoffa (perfecto Al Pacino).

La historia real que se esconde tras la película solo sirve como pretexto para hablar sobre las estructuras de poder de la segunda mitad del siglo XX en los Estados Unidos, sobre la amistad y el paso del tiempo y, ante todo, sobre el fin de una era. Scorsese parece despedirse no del séptimo arte (¡eso esperamos!) sino más bien del cine de gángsters; la sensación de desazón que deja la película y que parece advertirnos de que ya nadie será capaz de hacer este tipo de pelis como lo hacía el de Nueva York es absolutamente apabullante.

La cinta inicia con un ritmo característico en la obra de Scorsese, con música molona, personajes carismáticos y puestas en escena virtuosas para cambiar completamente de tono en la segunda parte del metraje, donde la música prácticamente desaparece y la bajada hacia lo inevitable se hace palpable. El fatalismo llega con estruendo en la última media hora, cuando la tristeza, la melancolía y la nostalgia nos agarran sin compasión y confirman el fin de una era.

Las tres partes están brillantemente cohesionadas gracias a una subtrama en la que la hija del propio Frank Sheeran, Peggy, va anclando al espectador a la vida diaria, domestica y “normal” que en cierta manera los protagonistas se están perdiendo. El argumento explota también en los minutos finales con la frase, absolutamente sobrecogedora, que enuncia el propio Frank Sheeran y que cierra la película.

Joe Pesci, retirado desde hace veinte años, realiza la que seguramente sea su mejor interpretación; la fuerza de su mirada es capaz de transmitir lo inevitable y de mover montañas. Por su parte, Al Pacino consigue frenar su característico histrionismo para encarnar a un personaje carismático, complicado e imponentemente tierno. ¿Qué decir de De Niro? El protagonista de Taxi Driver está inconmensurable en un papel frío, comedido, casi pueblerino y que carga sobre sus espaldas todo el peso de la obra de un autor como Scorsese. Leyendas vivas del cine para una obra que ya es de culto.

Martin Scorsese vuelve a regalarnos una obra maestra que con el tiempo se irá conformando como una autentica obra capital. Dejando de lado el uso de CGI (una apuesta estética seguramente fallida), la película tiene tantas capas y respira tanto cine que impresiona. Más allá del cine de gángsters, más allá del cine de crimen y traición, más allá de las historias “bigger than life” se erige The Irishman como una auténtica obra culmen en un tipo de cine que ya no volverá.

El fundador y editor jefe de Los de la Bici es un apasionado del cine y de los cómics, de la butifarra del Montseny y del chorizo de Valladolid. Su número mágico es el 5, y es capaz de muchas cosas: entreteneros con sus racconti y curaros el dolor de espalda. Fisioterapeuta, acupuntor, futuro osteópata y, ante todo, filántropo.

Compartir esta entrada

2 comentarios

  1. Muy buen análisis de la película, sin duda alguna recomendable. Soy una amante de este género de cine, de Scorsese y de los tres protagonistas. Como siempre felicito a Los de la bici por sus recomendaciones acertadisimas, seguid así!

  2. Muy buen análisis de la película, soy un amante de este género de cine, de Scorsese y de sus tres protagonistas. Quiero felicitar a Los de la bici por sus comentarios siempre críticos y objetivos, ánimos chicos seguid así!

Dejar un Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*