Young Liars

Los jóvenes mentirosos de David Lapham

David Lapham es el rey indiscutible de la escena independiente norteamericana, por ser el autor completo de series tan brutales como Balas Perdidas y obras como MátameSilverfish o, la que nos ocupa, Young Liars. Con este portfolio, Lapham demuestra ser maestro del género negro y sobretodo del uso del tiempo y el orden cronológico.

Young Liars nos presenta a la cuadrilla de amigos de Danny Noonan, un aspirante a rockstar que tiene la suerte de estar saliendo con la chica de sus sueños, Sadie Hawkins, cantante de su banda, su musa y que ha perdido, al igual que aquel villano de 007, todo tipo de inhibiciones debido a una bala alojada en su coco. Sadie es perseguida por los esbirros de su padre, una especie de Amancio Ortega yankee, para llevarla de vuelta a casa.

liars

Pero estos no son los únicos integrantes del grupo: una ex-modelo anoréxica, un niño de papá al que le han cortado el grifo y un transexual toxicómano también se suman a la fiesta!

Son perfiles siniestros y muy diferentes entre ellos, pero tienen algo en común: mienten a los demás y se mienten a si mismos. Nada es lo que parece en este cómic, que bien podría ser un estudio del panorama underground de los noventa y de estos personajes patéticos, pero tan bien descritos que llegan a ser, en cierto modo, entrañables.

Young Liars es un tebeo excesivo, loco y difícil

En ésta vorágine de mentiras se suceden las desventuras de estos adolescentes malcriados que, sin ningún escrúpulo, pasarán por encima de quien haga falta para conseguir su propósito. Puntualizamos que, a pesar de tener una extensión de aproximadamente cuatrocientas páginas, Young Liars se devora con un ritmo incansable ya que cuenta con diálogos dinámicos y muy divertidos, además de un gran número de situaciones cotidianas que pueden resultar cercanas; otras, en cambio, son totalmente delirantes. Arañas marcianas, enanos violadores, realidades paralelas y mucha música, tanta que el propio cómic cuenta, en la primera página de cada número, con su propia banda sonora.

En los finales, en cambio, es donde reside el éxito de estos mentirosillos, ya que es en la conclusión de cada número donde Lapham consigue enganchar al lector haciéndole sentir la necesidad de leer más y más.

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