War Horse

Spielberg en estado puro.

La última película de don Steven Spielberg es una obra maestra de la fotografía cinematográfica. El joven granjero Albert Narracott –interpretado por Jeremy Irvine, quien sufrió la enfermedad pie de trinchera por su ‘calvario’ en las trincheras ficticias que el director montó–cría a un caballo precioso, listo y valiente que, al empezar la Gran Guerra, es vendido al Ejército de Su Majestad para luchar contra los alemanes en el continente, viviendo todo tipo de peripecias entre germanos, franceses e ingleses.

Spielgberg (Ohio, 1946) teje una historia lavada con la música de John Williams, hecho que la hace más amena. Es un filme simpático y épico, emociona y enseña. Es Spielberg en estado puro.

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Con actores ingleses de la talla de Benedict Cunterbatch (Londres, 1976), Tom Hiddleston (1981, el Loki de Thor y los salientes Avengers), Emily Watson (también londinense, y nacida en 1967), o el alemán David Kross (de la añada 1990, como Irvine, recordado como el amante de Kate Winslet en The reader), vemos al bello equino como el protagonista absoluto de la cinta, siendo un caballo de guerra y de paz –la escena en que un soldado inglés y uno alemán le salvan unidos de un mar de alambres no tiene desperdicio–.

A veces se hace lenta, y larga, pero hay que saber qué tipo de peli es: calma y tranquila, a ratos de guerra, para pasar una buena tarde de Semana Santa, o de Agosto, relamiendo la genialidad del hermano estadounidense de Esteban Spielbergo (ya saben, ese que el señor Burns contrata para que filme un péplum sobre su vida).

Después del caballo de guerra, Steven Allan Spielberg nos llevará su biopic sobre la vida del décimo sexto presidente de los Estados Unidos de América, Abraham Lincoln en las vestiduras de Daniel Day Lewis.

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