Trumbo, el héroe de los guionistas

Bryan Cranston es uno de los mejores actores vivos. Lo conocemos gracias a su papel de Walter White en Breaking Bad, una de las mejores series de la historia de la televisión, con un personaje que rivaliza con Tony Soprano por el corazón de los espectadores. Bryan Cranston es un actor fenomenal que ha trasladado pocas veces sus dotes a la gran pantalla.

El director Jay Roch, cuyas películas más conocidas son Los padres de ella y Los padres de él, ha podido contar con el talento de Bryan Cranston para contar la historia de Dalton Trumbo, uno de los mejores guionistas de la historia de Hollywood.

Trumbo, una cinta clásica y que ha pasado casi desapercibida en 2015, es un homenaje a este maestro del guión y a la profesión del guionista, el que cuenta historias, el que consigue construir cuentos, novelas fílmicas.

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Dalton Trumbo, quien vivió entre 1905 y 1976, era un genio de la palabra, y estaba muy comprometido con la clase trabajadora estadounidense. Tanto que incluso llegó a hacerse del Partido Comunista de los Estados Unidos de América (sí, amigos, existe un partido comunista americano en la tierra del capitalismo individualista).

El filme cuenta las vicisitudes de Trumbo con el Comité de Actividades Antiestadounidenses (House Un-American Activities Committee) durante los años 1947 y 1952, de su pertenencia al grupo de los Diez de Hollywood, cuyos nombres estuvieron perseguidos durante la oscura etapa del maccarthismo.

Trumbo fue una víctima más de ese movimiento ultraconservador americano (uno más) que apareció al terminar la Segunda Guerra Mundial y vivió su cénit en la década de 1950.

Presidentes republicanos como Richard Nixon o Ronald Reagan hicieron mucha carrera política gracias a ese movimiento, el cual contaba con senadores y representantes fanáticos –algunos incluso del Ku Klux Klan–, sin olvidar un sindicato de actores, periodistas, directores y guionistas, liderados por John Wayne y la periodista Hedda Hopper, interpretada magistralmente por Helen Mirren, quien consigue parecer una verdadera bruja. La mala de la película.

Y es que Cranston se rodea de secundarios solventes, como Mirren, el humorista Louis C.K.,Diane Lane en el papel de su leal esposa, y Michael Stuhlbarg encarnando al actor clásico Edward Robinson, o el neozelandés Dean O’Gorman, quien no consigue dejar huella interpretando a un Kirk Douglas que llegó a ser uno de los mejores amigos de Trumbo.

Dalton Trumbo escribió mucho, y ganó dos premios de la Academia. Suyos son los guiones de Vacaciones en Roma (1953), El Bravo (1956) o Espartaco (1960). Su estrella siguió brillando después de su muerte en 1976, pues aún hoy se han desempolvado obras suyas que necesitan edición y que, lentamente, están (re)apareciendo a la luz.

Como hemos apuntado al principio de esta reseña, Trumbo es un metraje clásico, un biopic tradicional, lineal, sin flashbacks, un retrato del protagonista y de una época, la ‘caza de brujas’, que nos recuerda que en los USA muchas personas fueron perseguidas por pensar diferente, que la paranoia de los poderosos puede llegar a convertir la democracia estadounidense en una ridiculez autoritaria, que grandes mentes pueden llegar a sufrir por el miedo ajeno a lo extraño, que aunque la política se convierte en tinieblas siempre habrá un rollo de papel con palabras que podrán redefinir el horizonte.

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