Terra de Ninguém

En el documental Terra de Ninguém, la debutante Salomé Lamas (Lisboa, 1987) nos deja a solas con Paulo Figueiredo; de formación ingeniero y de profesión mercenario. Un personaje singular, que aprovecha la oportunidad brindada para confesarse y dar a conocer su truculenta vida como asesino a sueldo.

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En un primer momento, el relato de Figueiredo nos sitúa en la Angola de mediados de los años sesenta, en plena Guerra colonial portuguesa (entre las Fuerzas Armadas Portuguesas y las fuerzas organizadas por los movimientos de liberación de las antiguas colonias portuguesas de Angola, Guinea-Bisáu y Mozambique).

Y ya desde un principio, el protagonista no tiene reparos en admitir que su pasión es y siempre ha sido la de matar y ver sangre. Su carrera como killer comenzó en el momento de presentarse voluntario para formar parte de un comando de élite del ejercito portugués.

Sin apenas inmutarse, describe de forma sublime las crueldades que él y sus compañeros llevaban a cabo en las barriadas locales, donde la mayor parte del tiempo (cuando no estaban bebiendo en el bar y ya habían hecho su parada rutinaria en el prostíbulo), se dedicaban a asesinar a sangre fría y de la forma más salvaje y cruel… Y, como en toda guerra, ellos también recogían ‘trofeos’. Esbozando una tímida sonrisa, Figueiredo afirma: Quizás había un poco de sadismo.

Tengo varios amigos, pero sobretodo dos. Uno se llama Magnum 437. El otro se llama Winchester 128.

En una época en la que las revueltas no tenían tregua, nuestro protagonista viajó a Sudáfrica, pero al parecer ahí no necesitaban mercenarios. Sin embargo, apareció la CIA, le reclutó y le envió a El Salvador con el propósito de eliminar a la ARENA (Alianza Republicana Nacionalista). A grandes males grandes remedios, repite una y otra vez.

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La crónica del protagonista es verosímil, aunque por otra parte también parece fruto de los delirios de un hombre con severos disturbios mentales. Con 66 años, Paulo tiene un aspecto muy avejentado, ha pasado tres lustros entre rejas y vive, junto a otros sintecho, bajo un puente de carretera…

Tras explicar su experiencia como guardaespaldas en Portugal, la narración avanza hasta los primeros años ochenta, momento en que, encontrándose en España, es contratado por los tristemente famosos Amedo y Domínguez (expolicías y presuntos organizadores de los Grupos Antiterroristas de Liberación), quienes, según él, le suministraron armas y documentación para poder así ‘liquidar’ (verbo que utiliza en numerosas ocasiones), a los terroristas de E.T.A. que actuaban tanto en Francia como en el Estado Español.

Así pues, el protagonista de esta cinta trabajó para los GAL en una de las épocas más violentas de la recientemente instaurada democracia española (1981-87).

Con todo lujo de detalles, describe la manera en que eliminó a algunos de sus objetivos, mostrando en todo momento una frialdad absoluta y una completa ausencia de remordimientos. En Euskadi mata, pero también vive a cuerpo de rey gracias a las generosas pagas que le hacían llegar sus contratantes.

Matar siempre fue como beberme un vaso de agua.

Figueiredo habla largo y tendido sobre los años de plomo, hace referencia a las maniobras del gobierno de González, a Galindo y a otros personajes de la época, logrando así componer un panorama socio-político bastante realista.

Sin embargo, a estas alturas del documental, minado de pausas y silencios, ya no tenemos nada claro si lo que nos cuenta Paulo ocurrió tal y como él lo explica o su testimonio es pura ficción.

Tras explicar paso a paso cual es la mejor manera de enterrar un cuerpo, este verdadero mercenario nos cuenta algo de su infancia, de como era su familia y de como vivió su adolescencia entre Portugal y Angola.

No da ninguna motivación de porque decidió dedicarse a este particular oficio, pero afirma con rotundidad que su vida carece ya de todo significado, sobretodo porque ya no puede seguir matando.

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Tierra de nadie es un documental singular; se trata de una estudiada recopilación de fragmentos de las conversaciones entre directora y entrevistado que transforma las disertaciones de Figueiredo en un cautivante relato sobre la vida de mercenario.

Otro de los aspectos destacable es la minimalista puesta en escena que, junto al hecho de no utilizar ningún recurso (visual o sonoro), consigue otorgar a la cinta un tono neutral y traspasar al espectador la responsabilidad de juzgar a este personaje tan peculiar.

¿Realidad o ficción? ¿Verdad o mentira? ¡Quién sabe!

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