Steve Jobs

Steve Jobs: Retrato de un capullo genial

Joseph Schumpeter (1883–1950) fue uno de los mayores economistas europeos de nuestra Historia: suya es la teoría de la destrucción creativa, cuyo núcleo explica el cambio constante del sistema capitalista. Para poder sobrevivir, hay que crear.

Desde que el sistema capitalista se desarrolló como la principal estructura socioeconómica mundial, los cambios se han sucedido demasiado rápidamente.En menos de doscientos años, desde principios del siglo XIX a principios del XXI, se han inventado muchas más cosas que antes de la revolución industrial.

La tecnología es uno de los principales motores de la destrucción creativa. Thomas Edison, Frederick Taylor, Henry Ford, Bill Gates, Steve Jobs son nombres que nos recuerdan a algunos de los mayores innovadores de nuestra era. Y no todos ellos eran ingenieros o empresarios. Uno de ellos, Steve Jobs, no acabó la universidad.

Y su leyenda es conocida por todos nosotros. Tanto, que incluso el presidente estadounidense Barack Obama escribió un pequeño epitafio cuando Jobs murió en 2011 después de luchar contra el cáncer.

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Steve Jobs es el retrato de este hombre horrible, mezquino, con delirios de grandeza, padre ignominioso, egoísta, absurdamente caprichoso: un artista que vio, mucho antes que su generación, cómo debía ser el futuro de los personal computers.

Este film de Danny Boyle con guión de Aaron Sorkin no es una biografía al uso, como la Jobs de Joshua M. Stern, protagonizada por Ashton Kutcher en 2012. Es un retrato que sigue al creador de Apple durante tres de sus presentaciones: 1984, 1988 y 1998. Michael Fassbender interpreta a esta gran figura innovadora, un artista más con muchísimas neuras, acompañado por una excelente Kate Winslet y dos seguros de vida para cualquier film que necesita personajes secundarios relevantes, como Seth Rogen y Jeff Daniels.

Schumpeter dejó escrito en Capitalismo, socialismo y democracia (1942) que el emprendedor es la figura más importante de sistema capitalista, pues este emprende, es un aventurero, un pionero.

Es un artista. Jobs lo era: no estaba interesado en el dinero, sino en el producto, en la necesidad de las personas. Era un megalómano, necesitado de cariño, buscaba ser el centro de atención. Lo dicho: un ser despreciable. Pero con la visión necesaria para conseguir que los demás lo siguieran y creyeran en su mensaje.

Apple es una empresa que ha revolucionado el ordenador. Ahora cada casa posee algo que empiece por i (pronunciado a la inglesa, ai). iPod, iPad, iMac, iCloud, iTunes… No importa. Voy a poner centenares de canciones en tu bolsillo, le suelta Jobs a su hija en su retrato pintado por el tándem Boyle–Fassbender. La chica no le comprende. Estoy harto de verte con esa cosa con casete y walkman. No es estético, prosigue Jobs. Él buscaba el arte dentro del robot. Tal vez era fan de Arthur Clark e Isaak Asimov. No lo sabemos. Sin embargo, sí sabemos que Steve Jobs ha conseguido meter miles de canciones en un cacharro más pequeño que la palma de nuestra mano.

Él lo soñaba, y Wozniak o Hertzfeld lo construían mientras Joanna Hoffman, John Sculley y Tim Cook le incluían la necesaria dosis de obsolescencia programada para que los clientes siguiesen consumiendo para así ayudar a Jobs a seguir innovando para que el mismo les deleitase con una nueva presentación de un nuevo cacharro del futuro. Un ciclo en el que los maestros de la destrucción creativa ganaban miles de millones de dólares gracias a haber convertido los PC en joyas.

Como hemos apuntado, Steve Jobs de Danny Boyle no es un biopic al uso. Es un retrato. Fassbender y Winslet aparecen en prácticamente todas las escenas, sin olvidar a Rogen y Daniels. Es una película de un poco más de dos horas que bien podría convertirse en obra de teatro.

Son los diálogos los que construyen al protagonista, cómo interacciona con los que lo rodean, cómo se deshace de su ex-novia y de su hija Lisa, cómo insulta a sus trabajadores, cómo se siente superior e incomprendido. Un ser despreciable que resultó ser uno de los mayores innovadores tecnológicos de nuestra historia.

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