Southpaw, brillante tópico

El estadio está lleno a rebosar, sobre el ring caen gotas de sangre y los boxeadores están exhaustos, a punto del knock out. Un gancho perfecto noquea al rival y las luces iluminan al ganador, vitoreado por su equipo y seguidores.

Este es el tipo de imágenes que encontraréis en Southpaw, la última película de Antoine Fuqua que, en este caso, cuenta la misma historia de siempre sobre un boxeador en busca de redención.

Billy Hope (un excepcional Jake Gyllenhaal) es el campeón del mundo de pesos medianos, tiene una mujer que le adora (el papel de Rachel McAdams es breve a la par que potente), una hija que le venera y todo el dinero que necesita.

Southpaw

Tras una velada benéfica, la vida de Billy da un vuelco de ciento ochenta grados, a partir del cual intentará levantarse otra vez y buscará, a toda costa, la redención que tanto ansía. 

En realidad, el guión de Kurt Sutter podría ser el guión de cualquier otra película sobre boxeo; se suceden los mismos tópicos que todos conocemos: desde el rival gallito que provoca, al entrenador de barrio que rehuye de los grandes escenarios, pasando por el manager pesetero y traidor y las escenas de entrenamiento tan motivadoras como archiconocidas.

Entonces, ¿qué hace de Southpaw un más que digno producto cinematográfico? ¿Qué hace que está típica peli sobre deporte no caiga en el olvido más absoluto?

Seguramente no sea mérito del director, quien desde la ya mítica Training Day no apuesta por dar una óptica diferente a sus historias y se centra en perpetuar un cine rígido y sin fluidez, seguramente sólido pero muy simplista.

El guión de Sutter, como ya he mencionado, tampoco acompaña y la música de James Horner, digámoslo, no es la de Bill Conti.

¿Entonces? ¿Quién da alas a esta correcta cinta? Pues ni más ni menos que el protagonista, uno de los mejores actores de su generación, Jake Gyllenhaal. De hecho, el actor californiano es capaz de dejarse la piel, literalmente, en esta historia y dar credibilidad a un personaje mil veces visto en pantalla.

El retrato que logra componer de un hombre básico y sensible, completamente roto por dentro y que no sabe hacer nada más que boxear, es espectáculo puro. Y su actuación, física y comedida, es sencillamente apabullante.

southpaw

Acompañado por otro gran actor como Forest Whitaker encarnando el papel del entrenador huraño, Gyllenhaal eleva a la máxima potencia este más que correcto drama deportivo. De esta manera, lo que a priori es una predecible y tópica película se convierte en un emocionante y arrollador drama sobre el deporte que, rehuyendo de la sensiblería más barata, aporta calidad, clasicismo y buenos combates a un género que seguirá dando guerra.

La poesía del ring es lo que tiene, siempre es la misma pero, ay, que efectiva es.

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