Sicario

La anarquía transfronteriza

El quebequés Denis Villeneuve ha salido de los nevados paisajes de Canadá para filmar una especie de post-western contemporáneo lleno de violencia extrema en el sur de Arizona. Acompañado por Emily Blunt, Josh Brolin y un superlativo Benicio del Toro, Villeneuve nos presenta en Sicario la realidad anárquica de parte de la frontera mexicano-estadounidense.

Kate Macer, una agente del FBI, se ofrece voluntaria para ayudar a una patrulla de policías militares que buscan un cartel muy peligroso de Ciudad Juárez. Lo que no se imagina la valiente agente especial es que conocerá a un sicario, Alejandro, el cual busca su propia venganza sobre el jefe del cartel. Despiadado por necesidad, Del Toro se come a Blunt como protagonista de la cinta. Villeneuve espera que el espectador viva el filme desde el punto de vista de la chica, sin feminismos baratos, pero la fuerza narrativa, lacónica y estoica, del personaje de Del Toro, el que da nombre a la peli, puede más que sus compañeros.

No hay sentimentalismos ni optimismo ni deseos de positividad. Sicario se limita a explicar la realidad de algunas zonas del norte fronterizo de los Estados Unidos Mexicanos. De Ciudad Juárez, de los cárteles ultraviolentos, de la falta de Estado en aquellas zonas empobrecidas –pocas, que se difuminan en los Estados Unidos de América–. Es un post-western en el que vemos los parajes secos de Arizona y Sonora, de una frontera de difícil concreción. La misma violencia se vive tanto en una parte de la frontera como en la otra, y eso es lo que la agente especial Kate Macer no desea aceptar. El espectador, en cambio, el europeo por lo menos, vuelve a ver un motivo de violencia gratuita más de la vida estadounidense. Una agresividad de rifles, pistolas y hostias, puñetazos y primitivismo de pionero y cowboy. Lo tienen en la sangre, están orgullosos de ello.

La película tiene scatti de violencia directa extrema y explícita, de momentos de mucha crudeza. No hay piedad, ni clemencia. A algunos les puede gustar más a o menos. Salvando las distancias, no deja de ser una versión hardcore de Traffic, aquella cinta del año 2000 en el que Soderbergh nos sorprendió con una visión coral del mundo transfronterizo de la droga en San Diego y Tijuana. Y como en esa, Del Toro es un policía mexicano que ayuda a los estadounidenses. Los personajes de una y otra película tienen similitudes pero son muy diferentes. Al fin y al cabo, Del Toro se presta a interpretar personajes latinos: desde el Che Guevara hasta policías mexicanos pasando por Pablo Escobar. Villeneuve se sirve de la facilidad estereotipante de Del Toro para poder hilvanar un filme duro que disfrutarán los amantes del 3.

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