La fiesta de las salchichas

La última película de Disney Pixar no es sobre viejitos adorables con casas voladoras llenas de globos, o sobre nuestros sentimientos interiores, o sobre juguetes, o sobre coches, o sobre…

¿A quién pretendemos engañar? La fiesta de las salchichas no es de Disney, ni de Pixar. Es una ida de olla de Seth Rogen, Jonah Hill y otros animales que se ríen a carcajadas de las ideas cursis de Disney.

Esta vez, Rogers & cía no matan a Kim Jong-Un ni se ven envueltos en el Apocalipsis. Esta vez producen, escriben y dan voz a una peli de animación zafia y metagamberra titulada Sausage Party.

Seth Rogen

Seth Rogen le pone voz a la salchicha Frank, quien tiene que conocer la verdadera historia de la comida. El fin de toda comida es su tortura. Animadas por arte de sales minerales, las salchichas, el pan, los bollos, la fruta, la verdura… todos tienen patitas, manitas, vida propia, en una sátira bestial de nuestra realidad.

Agradecemos que vaya al grano desde el minuto uno y que no dure más que una horita y media. Es, como hemos apuntado anteriormente, una puñetera ida de olla de unos gamberrazos que antes de ponerse a escribir han fumado sacos y sacos de maría, tal vez alterada.

No vayáis con niños porque no es un filme para niños.

Id con algunos pacharanes en el cuerpo, comprad palomitas y refresco, y preparáos para un metraje lleno de palabrotas y humor exagerado y, ¿por qué no afirmarlo?, divertido por lo bestia que puede llegar a ser.

La cara de los nenes de la sala del Cinesa Diagonal era de flipe total. Sus padres, seres del Upper con SUV, segunda residencia hipotecada y vidas anodinas, de indignación y asco.

Porque sí, señoras y señores, hay momentos en que la comicidad hiperbólica, o hipérbole cómica, o humor de mierda, nos puede causar dolor de cabeza.

Estamos acostumbrados a que los dibujos animados 3D sean simpaticones, canten y bailen al son de pajaritos, tengan un final feliz, sean la plasmación de la moraleja y la ética. La fiesta de las salchichas se caga en esta realidad. Literalmente.

Desde el primer minuto se oye una palabra malsonante y durante todo (todo) todo el film no paramos de escuchar palabros imposibles en cosas animadas.

Porque ahí radica la originalidad de la película: es una parodia de las últimas películas animadas 3D, sean de Disney, de Dreamworks o de la madre que parió a todos sus guionistas y animadores.

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