Phantom Thread

A sus pies, maestro

Si hay algún cineasta capaz de tender puentes entre el cine clásico y monolítico y los nuevos caminos del cine más actual ese es, sin ninguna duda, Paul Thomas Anderson (Studio City, 1970).

El cineasta responsable de las mejores películas de los últimos decenios (There Will Be Blood y The Master son cine en estado puro) vuelve a la carga con una actualización del melodrama de época. El resultado final es, evidentemente, del todo inesperado.

Paul Thomas Anderson

Con Phantom Thread vuelve a demostrar que es, sin ninguna duda, el mejor director de su generación y, a sus 48 años, uno de los mejores de la historia del cine.

En su última película nos traslada al Londres de los años cincuenta y nos encierra en el insano y genial mundo de Reynolds Woodcock, el modisto más importante de todo Reino Unido.

Paul Thomas Anderson dibuja un personaje genial, que a la vez es incapaz de afrontar el mundo real que existe fuera de su sastrería. Gobernado por las mujeres de su familia (la hermana Cyril, quien maneja la empresa familiar y la difunta madre, siempre presente en sus pensamientos y actos), nunca amado por nadie (pero si admirado) y dedicado en cuerpo y alma a crear los mejores vestidos, Woodcock vive tranquilo aunque atormentado dentro de su caparazón de seda. Al conocer a Alma (Paul Thomas Anderson nos descubre a la impresionante Vicky Krieps) su mundo de rutina, silencio y creación empezará a tambalear.

Resulta difícil encuadrar Phantom Thread dentro de un género específico; como buena creación artística que es, la película plantea infinidad de escenarios, interpretaciones y estilos narrativos. El film sí es un drama romántico pero también un thriller gótico y, porque no, un ensayo casi destructivo sobre el amor.

La figura del genio con comportamientos infantiloides que nos regala el celebérrimo Daniel Day-Lewis es el punto cardinal sobre el que reflexionar acerca de los traumas infantiles. Está claro que Reynolds ha vivido bajo el mando autoritario de su madre (de forma velada, Thomas Anderson nos informa de que confeccionó su vestido de novia y que ella prácticamente ni siquiera se lo agradeció) a quien nota siempre presente como si, en realidad, estuviera bajo su mando, aún estando muerta.

Paul Thomas Anderson

No en vano, una de las mejores escenas del film es la aparición fantasmal de la madre y el hilo invisible (yes!) que la une con Alma y Cyril, mientras Reynolds se debate entre la vida y la muerte.

En la actualidad, su hermana Cyril es quien maneja la empresa familiar y quien se encarga de supervisar las rutinas de Woodcock. Cuando Alma aparece en escena, embriagada en un primer momento por la genialidad arrolladora de Reynolds, se cimenta en su nuevo rol de protectora casi sádica.

El amor que sienten el uno por el otro se descubre morboso, tóxico y, porque no, mortal. La hipérbole que utiliza Thomas Anderson encumbrando esta relación malsana no es nada más que un ensayo caustico y casi punk sobre el amor, el matrimonio y la vida en pareja. La necesidad de herir a quien más amas para poder así cuidarle y protegerle. Situarse un peldaño por encima y cultivar la dependencia amorosa. El mensaje final es, sin duda, demoledor.

Paul Thomas Anderson

Bajo las notas del fiel Jonny Greenwood (que vuelve a componer una banda sonora absolutamente magnifica) se subrayan continuamente los sentimientos del protagonista y la película evoluciona a fuego lento en una espiral de autodestrucción amorosa sin fin.

La fotografía, a cargo del mismo Anderson, es lúgubre y gótica, evidenciando así el caparazón de finas telas de Woodcock y dejando poco espacio al aire libre siendo, a ratos, casi claustrofóbica.

Llegados a este punto sobran ya las palabras y no nos queda otra que volver a ponernos a los pies del maestro californiano ante semejante demostración de amor por el cine.

Aquí nos quedamos, expectantes, esperando la nueva película del genial director.

2 comments on “Phantom Thread”

  1. Georgina dice:

    Quería felicitaros a los de la bici por la magnífica recesión de la película, no queda nada que añadir al análisis. Mi impresión fue pasar una bonita tarde de cine comprometido.

    1. Los de la Bici dice:

      ¡Gracias, Georgina! La verdad es que no todos la hemos visto, aunque tras leer la reseña tenemos más ganas de hacerlo. ¡Con tanta oferta llega un punto en que no damos abasto! ¡Un saludo!

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