Money Monster

Jodie Foster sigue experimentando detrás de las cámaras. Reconocida demócrata, o liberal, osea izquierdista americana (un americano de izquierdas está bastante más a la derecha que un izquierdista europeo), firma Money Monster. Una reflexión sobre el síndrome de Estocolmo a la vez que una nueva denuncia de la loca economía basada en las finanzas especulativas.

El subir y el bajar de las curvas de la bolsa. Foster ya ha firmado largometrajes como El castor con Mel Gibson (2011), que le valió una unánime crítica positiva de parte de los siempre exigentes popes del séptimo arte (ola k ase Carlos Boyero & sucedáneos o k ase), o El pequeño Tate en 1991, su primera incursión como regidora, esta vez vista como un bluf.

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También ha firmado dos capítulos de Orange is the new black, serie que hemos analizado en este portal, y un episodio de House of Cards, ambas series de la innovadora plataforma Netflix. Esta vez Foster firma una peli cuyo guión se escribió en 2014 y no ha encontrado producción hasta 2016. Lo que en Hollywood se conoce como Black List: un cajón sin fondo en el que caen millares de guiones que rara vez se convierten en una producción cinematográfica.

Foster se rodea de dos amigos suyos: George Clooney es el periodista y gurú de las finanzas Lee Gates, un superficial guaperas que asesora a las masas sobre qué y cómo apostar; Julia Roberts es su jefa, Patty Fenn, que lo vigila, lo asiste y lo humaniza. Cierra el triángulo el joven Jack O’Connell como el secuestrador Kyle Budwell, quien aparece como la principal víctima de toda la historia.

Desde el minuto uno sabemos cómo terminará la vida del secuestrador, quién es el malo malísimo del cuento, cómo evolucionará el personaje de Clooney… Money Monster es una película entretenida, una crítica o denuncia o reivindicación poco sorpresiva que nos distrae y nos recuerda que el sistema está hecho para que el poder se capitalice –o concentre– en unas pocas manos cambiantes, pero pocas al fin y al cabo.

No hay excesiva producción en Money Monster, y se nota. Rodada en pocos escenarios de Nueva York (un plató, unos despachos, Wall Street), el filme no quiere pecar de exagerado. Pasa rápido, y aún más con un bol lleno de palomitas y un refresco al lado.

Es interesante saber, sin embargo, la labor organizativa de la directora para con los actores: Julia Roberts y George Clooney no trabajaron juntos la mayoría del tiempo, aunque en la peli aparezcan siempre juntos. De hecho, por problemas de agenda, Roberts tuvo que grabar casi todas sus escenas hablándole a una pantalla de croma, como si ante sí tuviese a su colega.

Otro dato es que Foster no sabía a quién involucrar como al secuestrador Kyle, por lo que Clooney le presentó a su amigo O’Connell y ¡pum! Más nos vale ser amigos de George si queremos tener un papel co-protagonista.

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