The Martian

Parece que Matt Damon le ha cogido el gusto a tener que ser rescatado. Con The Martian, la última obra de Ridley Scott, ya van tres veces que este actor debe esperar a sus compañeros para que lo salven. Tal vez Scott ha jugado con esta característica del actor, pues en Salvad al soldado Ryan y en Interstellar, Damon espera.

La diferencia, sin embargo, radica en sus personajes rescatados. Si en Salvad… el soldado Ryan es un chico ingenuo, mientras que en Interstellar es el ruin Doctor Mann, en The Martian Damon se convierte en el astronauta Mark Watney, un espabilado superviviente que se queda en Marte más de un año esperando a sus compañeros, los cuales lo dieron por muerto después de una gran tormenta de arena marciana.

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Gracias al ingenio y a la simpatía del protagonista, un Matt Damon/Mark Watney carismático, divertido y sagaz, The Martian es un filme muy llevadero, de fin que se ve venir, pero que no se hace pesado.

Mientras el astronauta Watney debe sobrevivir solo en un planeta hostil cuya atmósfera está hecha mayoritariamente de dióxido de carbono, sin agua, en el que no puede crecer nada, desde la Tierra lo ayuda una plantilla de ingenieros nada desdeñable de la NASA, interpretados por Jeff Daniels, Sean Bean, o Chiwetel Ejiofor. En el espacio, mientras, el equipo de Watney también vuelve a Marte para rescatarlo, contando con nombres como Jessica Chastain, Michael Peña o Kate Mara.

Scott ha ido sobre seguro y se ha rodeado de actores conocidos para el gran público para contar una historia de ciencia ficción que intenta responder la pregunta ¿Qué pasaría si la NASA supiese de veras enviar a humanos a Marte… ahora? Una pregunta muy pertinente, pues nunca como en esta década el ser humano ha estado tan cerca de la posibilidad de pisar un planeta diferente a la Tierra.

Y parece que The Martian nos diga que será Marte, el planeta que recibe el nombre del dios grecorromano de la guerra, el que reciba a los primeros terrestres.

Otro de los aciertos de The Martian es el realismo con el que intenta hacernos olvidar que no deja de ser pura ciencia ficción. Al verla recordaremos Gravity, de Alfonso Cuarón, la cual nos explica que el espacio es un lugar sombrío y peligroso a la par que bello y mágico.

Y también recordaremos la anteriormente mencionada Interstellar, la cual hilvana un cuento de ciencia ficción utilizando muchas teorías astrofísicas verdaderas. Un hecho que también hace Scott con The Martian, aunque en este caso notamos mucho más realismo que en la aclamada cinta de Christopher Nolan.

Poseedor de una trayectoria tan apasionante como errática, Scott parece haber hallado en esta peripecia solitaria la oportunidad de sincerarse, identificarse y, por fin, retornar al planeta de los éxitos mainstream.

Gran parte del mérito de este metarealismo es del escritor de la novela El Marciano (2011), Andy Weir, un californiano que escribió la historia en la que se basa esta peli.

Gracias a Weir y al guionista Drew Goddard, el espectador llegará a pensar que lo que ve puede ser perfectamente real y verdadero. Celebramos que Ridley Scott haya firmado una buena película después de cuatro tropiezos –la tonta Robin Hood, el sinsentido Prometheus, el fracaso The Counselor, y la mierda Exodus–. Desde American Gangster(2007) este director clásico y necesario no ha dado pie con bola.

Recordemos que Scott no es un cualquiera. Es un realizador de los de la vieja escuela, de los que siempre debemos esperar algo interesante, como Spielberg o Scorsese. Suyas son dos de las mayores películas de ciencia ficción de todos los tiempos, como Alien (1979) y Blade Runner (1982). Y suyo es el mejor film de romanos hecho después de la era de los péplums, Gladiator (2000).

También ha firmado metrajes que han pasado a la historia del cine como Thelma y Louise (1991) o La teniente O’Neill (1997). Por lo tanto estamos encantados de poder contar, por fin, con una película muy positiva que lleve su sello, antes de un inminente regreso de la historia del octavo pasajero. Esperemos que en ese caso Matt Damon no tenga que ser rescatado otra vez.

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