Margin Call

El director J.C. Chandor, cuya filmografía solo cuenta por ahora este drama de las altas finanzas llamado Margin Call, o lo que es lo mismo, la llamada telefónica para colocar activos sin prácticamente valor (lo que podríamos llamar activos tóxicos) en un tiempo muy corto de tiempo, se muestra hábil dirigiendo a pesos pesados del cine como Kevin Spacey, Stanley Tucci o Jeremy Irons, incluyendo a la botolítica Demi Moore (la mami-esposa de su baby-marido Ashton Kutcher) y a los televisivos Zachary Quinto (Heroes), Ben Badgley (Gossip Girl) y Simon Baker (The Mentalist), sin olvidar al cara-de-palo británico Paul Bettany (el cura psicópata Silas en The Da Vinci Code).

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Margin Call es una película más para explicar estos tiempos económicamente borrascosos, pero es tal vez la que más argot financiero incluye en su guión. Hay momentos en que el espectador, aunque disfrute del alto nivel de interpretación de los actores (incluida Demi), se pierde en los diálogos de éstos.

No es fácil comprender el sudoku que nos ha regalado la situación que vivimos tres años después del Puf! financiero que inauguró Lehman Brothers.

Antes de ir a ver Margin Call, el consejo es que hagáis un cursillo intensivo de finanzas para ciudadanos que no nos enteramos de la misa a la mitad.

Wall Street (¡la primera, no la segunda!) de Oliver Stone, o Inside Job (documental en el que el faldillero Strauss-Kahn se muestra muy simpático, quizá para ligarse alguna espectadora) de Charles Ferguson, o alguna clase de matemáticas, o cualquier buen artículo económico honesto (¡cuidado! No todos los artículos que hablan de economía son honestos.

Muchos timan tanto como el capitalismo que relamemos) serían condiciones sine qua non para comprender la jerga de los ejecutivos del mundo de las finanzas, desde el analista que cobra un cuarto de millón de dólares o euros al año, pasando por el jefe de operaciones que cobra dos millones y medio de dólares o euros al año, o el jefe del departamento que cobra trece millones de dólares o euros al año, hasta llegar al jefe de los jefes, el que va en helicóptero a todas partes, que cobra ochenta y seis millones de dólares o euros al año.

Perverso, ¿verdad? Son cifras que aparecen (perdonad el spoiler numérico) y que hacen entender cuán virtual es el dinero que nos ha llevado a este embrollo en el que aún estamos metidos.

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