Spit

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IIIIIIIVVVI

Capítulo 1

El sexo era increíble pero aún no nos adelantemos. Llevaba tiempo solo y con ganas de volver a enamorarme o por lo menos con ganas de sentir algo especial por algo que no fuese mi reflejo. El único contacto humano que tenía con una mujer era el que recibía pagando por ello. Rápido, limpio, monótono, vacío. Intentaba auto-convencerme de que eso era lo que quería y que estar atado a otra persona era una estupidez.

Menudo gilipollas era o soy, yo qué se. Tenia muchas amistades, algunas que me llenaban más que otras pero en general ese aspecto de mi vida estaba resuelto. Necesitaba más. Durante una temporada me dediqué a salir y conocer a muchas chicas a las cuales engañaba fácilmente para acabar en su piso y así poder tirármelas. Tengo que dejar constancia que soy una persona agraciada y supongo que quien quiera que lea esto me conocerá y por lo tanto podrá dar fe de lo que digo y si crees que no es cierto que te jodan, hijo de puta. Como iba diciendo, me tiraba a las muchachas que quería pero me estaba cansando y es era muy preocupante porque, ¿quién coño se cansa del sexo?, ¡¿quién, en su sano juicio, se cansa del sexo?!

Nadie. Bueno sí, yo –o eso creía–. Una de esas noches que es difícil de recordar se me quedó impregnada en la retina la imagen de una chica. No sabía quién era y para ser sincero ni me acuerdo de como iba vestida o peinada pero de algún modo emanaba de su cuerpo una sensación que conseguí percibir y hacer mía. No sé si fue amor a primera vista, si entramos en sincronía o si estaba jodidamente borracho pero juro por Dios que esa chica tenía algo que nadie tenía.

Estaba ahí, en medio de la pista de baile yendo de un lado para otro sin parar. La expresión de su cara parecía decirte “Soy mejor que tú, soy la más bella de todas y si hablas conmigo es porque te estoy haciendo un favor y esto, amigo, será el punto álgido de tu vida”. No daba crédito. ¿Cómo podía estar a la altura de eso? Muy fácil, no lo hice. Estuve mirándola inocentemente toda la noche esperando una señal por su parte que obviamente no recibí.

La mañana siguiente, entre cigarrillos y algo de alcohol para pasar la resaca, estuve haciendo algunas investigaciones y preguntando por ahí ya que quería saber quien era esa maldita cabrona que, con solo echarle unas miradas, había conseguido hacerme creer de nuevo en el sexo. Puede sonar triste pero a todos nos ha pasado imaginarnos follando con alguien que se nos ha cruzado. Pues bien, a mi me había pasado con ella.

Gracias a mi red de contactos descubrí quien era, con quien había estado y lo más importante de todo, lo que le gustaba hacer en la cama. Entre toda esa información había mierda bastante interesante y que me ponía cachondo solo de pensar en ello pero tengo que admitir que alguna que otra cosa me parecía bastante espeluznante o directamente me jodía. Vayamos por partes porque toda esta historia es larga, interesante y está llena de sexo así que vamos a contarla bien. Según mis fuentes parecía ser que a esta chica le gustaba follar duro y hacer todo tipo de guarradas en la cama.

Llegados a este punto tengo que sincerarme con vosotros y confesar mi más preciado secreto: soy un niño que sigue creyendo en el amor a pesar de toda la mierda que he visto y he vivido. Cada vez veía más difícil poder tirarme a la chica de mis sueños porque yo no sabía nada del sexo duro y parecía ser que ella prácticamente lo había inventado.

Entre muchas cosas la que más me fascinaba era que le encantaba escupir a su pareja sexual y que si este no le devolvía tal gesto de puro amor se enfadaba y le echaba de casa o simplemente dejaba de follárselo. Cada vez que pensaba en tenerla en una cama y escupirnos el uno al otro mientras follábamos como animales, me volvía loco y como prueba de ello tengo el recuerdo de varias erecciones que duraron más de lo normal. Bendito poder de la imaginación, sin ti no seríamos nada.

Como ya he dicho no todo es bueno y esta chica también tenía su pasado oscuro. De este lo que cabe destacar es que estuvo con cierta persona que no era santo de mi devoción pero, como ya sabrás, esto es una historia de amor y por lo tanto no vamos a perdernos con este tipo de tonterías.

Cada uno tiene un pasado y jamás se le puede pedir explicaciones a alguien y menos a alguien que estaba tan jodidamente buena como ella. Aunque se hubiese tirado a mi hermano el día anterior hubiese seguido queriendo meterle la polla hasta acabar los dos rendidos. Lo bueno de todo esto es que yo sabía quien era ella pero yo no era nadie y podía jugar mis cartas con tranquilidad.

La tenía controlada, sabía cosas sobre ella y en que locales se movía así que no me fue difícil dar con la chica de mis sueños otra vez. Te aviso de antemano que esta no es la típica historia de chico conoce a chica, chico y chica se enamoran y acaban viviendo felices el resto de sus vidas.

Las cosas no son así tan fáciles, todo se complica y acaba siendo una mierda a menos que te dejes el culo en conseguir lo que quieres. Lo bueno no llega sin más. Te tienes que dejar la vida por lo que deseas, tener ambición y estar dispuesto a joder a quien sea con tal de conseguir tu objetivo. Ella era el mío. La deseaba y sabía que antes o después sería mía, o eso creía.

Capítulo 2

La segunda vez que la vi intenté llamar su atención para tantear el terreno y ver cuantas posibilidades reales tenía. No soy muy buen estratega, la verdad es que estas cosas no se me dan muy bien. Parezco un capullo engreído que se cree el dueño del mundo y tal vez lo sea, pero en el fondo, muy en el fondo, soy una buena persona.

Creyendo en mi mismo y en que mi buen fondo la atraerían hacia mis brazos en un segundo, decidí ir a hablar con ella. La mirada de indiferencia con la que respondió a mis incesantes intentos de acercamiento me destrozó lo suficiente como hacer lo que todo hombre de dios hace en estos casos: enrollarse con la chica de al lado.

Bien, tengo que deciros que eso no es una buena técnica es más, es la peor de todas las ideas. No sé si me frustraba más el hecho de que me hubiese rechazado o que con solo verla dos veces había conseguido hacerme jugar la carta del despecho. Rechazado, despechado y solo. Qué noche más triste. Decidí que había tenido suficiente por ese día y volví a casa con unas cuantas copas de más para hacer el sueño más fácil. Una retirada a tiempo no es una derrota, recuérdalo chico.

Los días siguientes los pasé repasando qué podría haber ido mal y di con una solución factible. Si era dura en la cama tendría que ser dura fuera de ella ergo la chica con la que estaba obsesionado era una mala pécora que quería ser tratada como una mierda y una vez hecho esto caía en tus brazos o en el mejor de los casos te escupía en ellos.

Menudo gilipollas había sido, ¿cómo iba a conquistar a una chica así con cuatro palabras tontas de manual y creer que a la primera me llevaría a su casa y se dejaría hacer de todo? Bravo por mi.

La cosa empezaba a mosquearme mucho porque esa so puta había conseguido que solo pensase en ella. Cada vez que me tiraba a otra chica o me la chupaban pensaba en ella. No podía estar más enfermo. Si hasta obligaba a las amigas que tenía en común en hablar bien de mi con ella cuando ni siquiera sabía exactamente quien coño era yo. Sí, sé que soy patético ¿qué quieres que te diga?

Capítulo 3

Las historias de amor están repletas de altibajos y la mía, aunque prácticamente imaginaria ya que dudo que ella supiese mucho sobre mi existencia, no iba a ser menos. Todo ocurrió la tercera vez que la vi.

De esta noche no recuerdo mucho a parte de todo el alcohol que había tomado pero se dice que mi amada y yo acabamos en medio de la pista de baile, cara a cara, gritándonos como locos. Creo que fue culpa mía. Estaba harto de que no me hiciese caso y le dije alguna cosa fuera de lugar y su estado de embriaguez propició la pelea.

A pesar de todo, esa noche no fue un completo desperdicio ya que 1. la volví a ver y 2. cada vez se podía sentir como poco a poco crecía una especie de tensión sexual y te puedo asegurar que el día que esa tensión se liberó los cimientos del mundo temblaron y si no fueron los del mundo por lo menos los de su piso lo hicieron, tanto que hasta se cayó un cuadro. Perdón, he dicho que contaría esto poco a poco y así lo haré pero entiende que hay ciertos detalles que no puedo callarme.

Resumiendo, estaba soltero, obsesionado con una chica a la que apenas había visto y mucho menos hablado con la que encima había discutido. Cada vez me parecía menos probable que me la fuese a follar a pesar de notar una extraña tensión sexual entre los dos. No podía estar mejor. Dejé de tirarme a tías porque solo el hecho de imaginarme follando con esa muchacha me llenaba.

Pasaron los meses y nos íbamos viendo sin decirnos nada. Por mi parte tengo que decir que la tenía siempre controlada y seguía gustándome lo que veía, ni te imaginas cuanto me gustaba lo que veía, cada vez me gustaba más y más y más. La quería, la deseaba y sabía que antes o después sería mía. Durante el largo tiempo de nuestro tira y afloja pasé por todos los estados posibles.

Desde querer follármela con todas mis fuerzas hasta pensar que era una imbécil que no valía la pena pasando por creer que alguien como yo nunca podría tirarse a una fuerza de la naturaleza de tal calibre pero al final llegué a una conclusión bastante lógica.

Fue una mañana como cualquier otra. Me desperté, fui al baño y me miré en el espejo. Decidí que sería mía y que la tendría entre mis brazos. Decidí que le enseñaría lo que era un polvo de verdad y lo que significaba que una apisonadora te pasase por encima y te dejase hecha un trapo –sexualmente hablando, claro–.

Me miré a los ojos y me hice esa promesa. Cumplí mi palabra pero antes de explicarte como lo hice tienes que saber qué pasó la última noche que pasamos juntos en “nuestro” local. La segunda parte es una mini píldora de ácida ironía donde nuestro protagonista seguirá en el intento de conquista de la mujer de sus sueños (más húmedos). Esto tiene muy buena pinta señoras y señores.

Capítulo 4

La noche prometía pasar a los anales de la historia. Como siempre mis viejos amigos y yo nos habíamos reunido para empezar la noche de la mejor de las maneras: cerveza sin límite y gin tonics a mansalva. Habíamos prometido pasar un rato divertido y tranquilo pero, como siempre, se nos fue de las manos y empezamos a tomar más copas de la cuenta. Bueno, ¿cuándo el beber pasa de ser normal a ser más de la cuenta?

Parece evidente que para nosotros nunca. Después del debido calentamiento en casa salimos a la calle en dirección a nuestro lugar de los sábados preferido. ¿Estaría mi chica ahí?

La verdad es que estaba convencido de que no ya que, a pesar de haber coincidido varias veces, habíamos entrado en una extraña dinámica que se resumía en que si yo estaba ella no y viceversa. Entre el alcohol y mis pensamientos llegamos a nuestro destino.

Ahí estábamos, listos para cualquier cosa. Al entrar lo primero que hicimos fue tomarnos la copa de bienvenida de rigor. Es mala educación ir a un lugar y no pedir una copa, que lo sepas y si no lo haces eres un maldito maleducado. Ten un poco de respeto por las tradiciones, chico.

Una vez tomado el último trago nos dispusimos a dar una vuelta para ver como se presentaba la noche. Parecíamos gatos en celo. Éramos objeto de deseo de todas las muchachas y nosotros nos dejábamos querer sin cerrarnos ninguna puerta y echando un vistazo a la carnaza que se nos ofrecía pero de entre todos mis amigos yo era el único con un objetivo real, concreto. Dimos todas las vueltas posibles y mi amada seguía sin aparecer. Maldito imbécil, ¿cómo va a aparecer si estás tú? las estadísticas no fallan, GILIPOLLAS!

Pasadas unas horas acabamos donde se encuentran todos los que no saben que hacer y quieren pasar un buen rato sin demasiadas preocupaciones: la sala de las drogas. Entre todos los asistentes a mi futura gran noche recolectamos el suficiente dinero para darnos un chute de vida por la nariz. La cogimos y nos fuimos. Una vez fuera nos apartamos y nos dividimos lo que habíamos comprado sin tener ni puta idea de si la inversión nos sería útil.

Resultó serlo a medias pero eso llegará más tarde. Volvimos dentro sintiéndonos los reyes del mundo, dispuestos a hacer lo que nos diese la gana y al primer listo que se nos interpusiese lo acabaríamos apaleando como a un cerdo.

Dadas las vueltas de rigor acabamos en el lugar correcto. La sala donde todo sucede, la sala donde vio nacer mi pequeño imaginario affair amoroso, la sala donde por gracia divina estaba ella. Sí, lo has leído bien.

Ahí estaba ella, guapa como siempre y con ese aire de distinción que la diferenciaba de el resto de furcias que pueblan el mundo. Esta vez no volvería a cometer los mismos errores, me quedaría tranquilo en mi sitio y esperaría la oportunidad perfecta para llamar su atención. Llegados a este punto surge un pequeño problema: no eres dios, no controlas una mierda de lo que ocurre a tu alrededor y menos en el estado en el que te encuentras.

Resulta que entre yo, que jugaba a estar tranquilo y a no perder la calma, y la chica que me había robado un trozo de mi cordura se encontraba una amiga mía. No me preguntes como ni por qué pero gracias a mi gran amiga –bendita seas, te debo una MUY grande– me encontré cara a cara con la chica de mis obsesiones.

Pensándolo en frío supongo que mi amiga se hartó de mis lamentaciones y de mis pesadeces y decidió meterse de por medio para darme ese pequeño empujoncito que ni el alcohol había sabido darme. Sin mediar apenas palabra le cogí la cara con las dos manos y la besé.

Sorprendentemente no se echó para atrás y me devolvió el beso. No me lo podía creer, después de tanto tiempo lo había conseguido. A partir de aquí todo se vuelve más y más borroso pero algún recuerdo lucido queda guardado en mi memoria. Entre nuestros primeros besos se notaba esa tensión sexual que nos había envuelto en los últimos encuentros.

Los besos no eran tiernos o vacíos, eran besos violentos, apasionados y con rabia. La cogía con todas mis fuerzas y la iba moviendo de arriba a abajo por toda la sala.

La empujaba contra las ventas y contra las columnas, sin darle un solo segundo de respiro para que no pudiese replantearse lo que había decidido empezar. No daba crédito a lo que estaba pasando. ¿De verdad podía tener tanta suerte?, ¿de verdad? Esto era increíble. Cuando pensaba que la cosa no podía mejorar en un momento de pausa para recuperar fuerzas se me acercó y me susurró al oído unas dulces palabras: “Quiero que nos besemos en todas las salas del local”.

Madre mía, menudo cabrón con suerte. No solo aceptaba el hecho de estar conmigo sino que incluso se estaba divirtiendo y quería más. Fuimos sala por sala, apartando a cualquier desgraciado que se nos cruzase por el camino. Nadie nos podía hacer sombra, éramos dos líderes destinados a acabar haciendo lo que mejor se nos daba a los dos, follar.

Ya os he dicho que ella no era una cualquiera y por lo tanto no iba a ofrecerle a un –semi–completo desconocido que la acompañase hasta su casa. Dejó caer alguna frase, seguramente ingeniosa a la par que sugerente y fui yo quien pidió poder llevarla hasta a su piso.

Salimos del local, la metí en un taxi y nos dirigimos a su casa. Iba a ser una de las mejores noches de mi vida. Después de tanto tiempo iba a poder demostrarle todo lo que había querido. No iba a poder escaparse de esta y una vez hubiese comprobado de lo que estaba hecho, estaba convencido de que querría repetir día sí día también durante el resto de su vida.

Los dos estábamos dispuestos a darlo todo pero había un problema. Ya os he dicho que la inversión que mis amigos y yo hicimos esa noche nos salió bien a medias pues bien, llegado el momento de la verdad me encontré con un algo que no sabía como manejar. Tenía a la chica más atractiva del mundo y con las mejores dotes sexuales dispuesta a todo y una polla que no se levantaba ni a la de tres.

Os lo vuelvo a repetir, la vida es genial. Una vez crees que lo tienes todo, que por fin vas a conseguir algo con lo que habías soñado mucho tiempo viene el señor destino o la señorita casualidad, lo que prefieras, y de un golpe te devuelve a la dura realidad y te destroza cualquier tipo de expectativa.

Las drogas y el alcohol en exceso no son buenos para nada y menos para el sexo, creedme. A pesar de todo la noche no fue un fracaso. De alguna manera conectamos más allá del sexo e incluso dormimos abrazados cual pareja de hecho. La noche no salió como ninguno de los dos se esperaba pero parecía que el poco rato que habíamos pasado juntos hubiese creado una extraña sensación de complicidad entre los dos.

Del odio y la tensión sexual que sentíamos mutuamente había nacido, Dios sabe como, una especie de cariño que los dos sentíamos el uno por el otro. Lo vuelvo a repetir, la noche no fue un desperdicio e incluso ahora viéndolo con perspectiva diría que hasta fue lo mejor que nos podía haber pasado. Sí, todo fue muy bonito pero una parte de mi estaba un poco decepcionada. No había estado a la talla de las expectativas y peor aún, no había recibido ni uno solo de esos famosos y tan deseados escupitajos.

Mañana sería otro día, unas horas de sueño y al despertarnos una sesión de sexo non-stop para quitarnos la espinita de la noche anterior. Qué pena me doy por ser tan ingenuo de creer que las cosas mejorarían a la mañana siguiente porque te aseguro que no lo hicieron, Dios si no lo hicieron.

Capítulo 5

Despertamos la mañana siguiente cogidos como amantes eternos. Los dos estábamos cansados y decidimos tomarnos el día con calma teniendo en cuenta todo lo ocurridos la noche anterior. Si Dios puede tomarse un día a la semana para simplemente descansar, nosotros no íbamos a ser menos. En estas ocasiones el despertarse junto a alguien que no conoces son muy peligrosas. ¿Cuándo pasas de ser un invitado a ser un pesado que se tiene que ir?, ¿Debería irme o quedarme?

Todas son preguntas frecuentes que uno se hace en estos casos pero tengo que admitir que aunque parezca raro, en mi caso no fue necesario. El despertar fue muy bonito, los dos desnudos entre besos y abrazos de complicidad abrimos los ojos y nos deseamos los buenos días.

La magia de la noche anterior seguía ahí, con la misma intensidad. No sabía exactamente como sentirme pero te aseguro que no quería estar en otro lugar.

A pesar de llevar juntos tan solo unas cuantas horas de borrachera y unas cuantas de recién despertado, sabía que quería estar con ella y que quería volver a verla. Una vez fuera de la cama con el hambre acechando, decidimos salir a desayunar. En el fondo no éramos más que simples desconocidos el uno para el otro pero sin embargo nos cuidábamos como si hubiésemos vivido una relación de décadas y décadas de amor.

Con el estómago lleno volvimos a casa dispuestos a retomar el asunto donde lo habíamos dejado. La pasión estaba ahí y al día de hoy sigue siendo la persona que más cachondo me pone y será así hasta el día que me muera. Nos quitamos la ropa a mordiscos. La cogí en brazos y la tiré en la cama. Había manos por todas partes, no podíamos dejar de tocarnos y modernos y chuparnos y sí, escupirnos.

¡Qué sensación tan increíble! Nunca había estado tan cachondo en mi vida y eso que aún no había decidido darme el mejor de los regalos que se le puede dar a un hombre: una mamada.

Durante mi larga vida sexual repleta de novias remilgadas y furcias asquerosas, me habían chupado la polla varias veces pero nunca como lo estaba haciendo ella. A cada instante me acercaba más y más al paraíso. Podía ver las estrellas y lo único en lo que pensaba era en follarla.

Querían partirla en dos y hacerle ver de lo que mi polla y yo éramos capaces. Por desgracia, este es uno de esos momentos donde a pesar de estar más cachondo que una gata en celo, tu cuerpo no responde a los estímulos enviados por el cerebro. Estaba nervioso a la par que cachondo o sea, increíblemente nervioso.

Nunca me había pasado algo parecido. El sexo siempre había sido fácil para mí, sin muchas complicaciones. Primero las drogas y el alcohol y ahora los nervios. Dos veces seguidas mi preciosa polla me había fallado ante la mujer más bella que jamás tendré en mi miserable vida. Gracias a Dios, parecía que a ella no le afectase mucho el hecho de que no fuese sexualmente apto.

O eso o fingía muy bien. Según ella aunque llevásemos solo un día juntos, el sexo había pasado a un segundo plano y era verdad. Habíamos transcendido el simple acto sexual, era raro pero esa sensación de calidez y de ternura estaba ahí. Habíamos conectado y los dos lo sabíamos. El sexo ya no era lo más importante, por raro que parezca lo único que queríamos era estar juntos.

Este tampoco fue el día en el que casi colapsamos el mundo por follar como conejos y os aseguro que ese día acabó llegando pero fue un día muy importante para nosotros. A pesar de no haber intimado a nivel sexual, con solo pasar un día juntos los dos supimos que lo nuestro podía funcionar. Estaba claro que mis problemas no podían durar para siempre así que el tema sexual estaba en stand by, ambos teníamos la seguridad de que acabaría arreglándose.

Sin embargo, las cosas que son más complicadas de conseguir para una pareja como son la complicidad entre las dos partes, el quererse mutuamente o la necesidad imperativa de verse y sentir el roce de los cuerpos, nosotros lo habíamos conseguido en un solo día. La cosa pintaba muy bien.

Estaba con la chica que había perseguido durante meses como un loco y parecía que ella correspondía mis sentimientos. La felicidad me inundaba pero la espinita del sexo seguía metida en mi cabeza.

El sexo es un aspecto fundamental en una relación, no es lo más importante pero ¿qué coño? Es sexo. Es indiscutible que tiene que ser bueno o por lo menos existir si una pareja quiere funcionar. La espinita seguía ahí pero te aseguro que la siguiente vez que la vi me la quité de cuajo. Mi cabeza hizo click y ese bloqueo que tenía desapareció.

Cuando la volví a ver y la tuve en mis brazos, pasé de ser la niñita que no sabía que era el sexo duro a ser un puto lobo salvaje que lo único que quería era metérsela a esa chica que me había vuelto loco durante tanto tiempo. Me la iba a follar de todas las maneras posibles, todo lo duro que quisiese y ella no iba a quejarse. Nada podía pararme así que agárrate que ahora viene lo bueno.

Capítulo 6

Le escupí en la cara. ¡Qué ganas tenía de hacer eso! Todo empezó la noche del día siguiente cuando decidimos volver a vernos. Habíamos entrado en esa dinámica donde el cariño que sentíamos ambos nos llevaba a no poder estar en uno sin el otro y por lo tanto a vernos cada jodido día.

Obviamente para mi no era ningún problema, ver a la chica de la que primero me había obsesionado y que luego había despertado sentimientos de amor no era ningún problema es más, seguía dando gracias a todos los Dioses que se me ocurrían por tal bendición. Había estado todo el día preocupado por mi mal rendimiento en la cama.

Seguía sin entender qué coño me había pasado. Vale sí, estaba histérico porque la maldita cabrona me ponía nervioso más que nada en el mundo pero ¿tanto podía afectarme? Parecía ser que sí. Siempre había hecho todo lo que quería en la cama.

Nunca había tenido ningún problema pero ella con solo una mirada había conseguido quitarme esa seguridad que tanto había costado conseguir. Cuando estaba con ella me sentía como un maldito virgen, un inepto que no tenía ni puta idea de lo que hacía en la cama.

Decidí que eso no podía volver a ocurrir, tenía que coger el toro por los cuernos y controlar la situación. Le iba a demostrar de que estaba hecho y de lo que era capaz de hacerle utilizando única y exclusivamente mi polla. Cuando llegué a su casa sabía qué quería y como iba a acabar la noche.

Después de entretenernos como niños mirando la tele y hablando de tonterías empezamos a calentarnos mutuamente. La tensión sexual seguía ahí y sin resolver dados mis problemas. Después de besarnos como ninguno de los dos nunca lo habíamos hecho empezamos a desnudarnos.

Cada vez que la veía sin nada encima, no podía evitar pensar que era la mujer más bella que había tenido y que tendría durante el resto de mis días entre mis putos brazos. Estaba claro que no podía volver a cagarla y gracias a Dios no lo hice. Después de calentarnos con los besos y mordiscos necesarios pasamos al siguiente nivel.

Empecé a chuparla de arriba a abajo. No había ni un solo centímetro cuadro de su cuerpo que no estuviese tocando. Podía sentir el calor de su cuerpo, como se entregaba a mí. Todo lo que deseaba en este mundo lo tenía en mis manos. Una vez desnudos la cogí por la cabeza, la obligué a bajar y a chupármela. Estaba claro quien mandaba pero quería dejarle ese aspecto lo más claro posible.

Después de tenerla un rato ahí abajo y de que me diese la mejor mamada de mi puta vida la cogí por la cabeza y la subí. Necesitaba besarla y sentir que esa furcia era mía. Estuvimos besándonos un buen rato hasta que no pude más, me puse arriba y se la metí de golpe sin ningún tipo de dilación. La expresión de su cara me lo dijo todo.

Estaba disfrutando como una puta ninfómana adicta al sexo. Los ojos se le pusieron en blanco y la mandíbula se le desencajó. Nunca había tenido una polla de ese tamaño dentro. Tenía muy claro que estaba demostrándole qué podía hacerle y obviamente no tenía ninguna intención de parar.

Yo mandaba en todo momento y yo decidiría cuando y como acabaría nuestra diversión. Ella no tenía ningún tipo de voz ni de voto en esto. Yo era el que saciaba sus necesidades y ella era mi muñeca, mi juguete con el que pasaba el rato.

Después de follármela de la manera tradicional le dije que se pusiese a cuatro patas de cara al espejo. Resultaba que los dos disfrutábamos de ese bizarro placer de mirar nuestro reflejo mientras follábamos. Entre mordiscos y escupitajos la cosa se fue alargando hasta que ni yo ni ella sentíamos nada más y únicamente follábamos por inercia.

Menudo polvazo echamos. Me corrí en toda su cara porque así lo quise y ella no se quejó en ningún momento porque sabía exactamente qué le iba a pasar y como la iba a castigar si osaba rechistar o negarse a mis ordenes. Con un solo polvo sabía que no encontraría jamás una mujer así. Había cambiado completamente mi vida.

La quería y no iba a permitir que se me escapase nunca, pasase lo que pasase. Después de follar como animales nos estiramos en la cama exhaustos. Jamás me había follado a nadie así y a ella nunca la habían follado de tal manera.

Eramos almas gemelas y estábamos hechos el uno para el otro. Los dos lo sabíamos, no nos hacía falta esperar una eternidad para declararnos nuestro amor. Desde el primer momento, desde el primer beso, desde la primera mirada que tuvimos, ambos supimos que estábamos de alguna manera destinados a estar juntos.

Nos queríamos y pasase lo que pasase nada se interpondría entre nosotros. Al día de hoy seguimos juntos, igual de enamorados y el sexo sigue siendo algo maravilloso.

Ya sé que las relaciones son complicadas y que normalmente la gente sale herida pero estoy dispuesto a correr este riesgo. Nadie tiene que decidir cómo quiero romper mi corazón, o ni siquiera si se romperá o no. Además, ambos sabemos que ya está emocionalmente involucrada conmigo, es solo que su mente aún no se ha puesto al día con su corazón.

¿Por qué la quiero tanto?, ¿Qué tiene de tan especial? No lo sé, creo que nunca lo sabré. Creo que a veces tienes suerte y aciertas a la primera y después acaba definiendo tu vida. Se convierte en quien eres.