Jason Bourne

Robert Ludlum escribió tres novelas de espías acerca de un hombre sin memoria que tenía que luchar contra su antiguo trabajo, la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos. Ludlum escribió su trilogía de Bourne en la década de 1980. En 2002 apareció la primera adaptación de la historia del desmemoriado ex agente de la CIA Jason Bourne aka David Webb. El caso Bourne tuvo una secuela a su altura, El mito de Bourne (2004), y una tercera entrega también a su altura, El ultimátum de Bourne (2007).

El británico Paul Greengrass, el americano Matt Damon, los guiones adaptados de Tony Gilroy, y la canción Extreme Ways de Moby forman parte todas ellas de esta nueva leyenda del cine. En 2012, el guionista Tony Gilroy, quien se había enemistado con Paul Greengrass, firmó la fallida, aunque interesante, El legado de Bourne. Pero sin Greengrass ni Damon no era lo mismo y los productores de la Universal lo sabían y esta historia ha vuelto con un revulsivo.

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Jason Bourne recupera al director, al guionista, al actor, y a la historia. Esta vez Bourne es un ex agente de la CIA renegado que viaja de aquí para allá para olvidar su tétrico pasado, hasta que la guapa actriz sueca Alicia Vikander, quien da vida a la ambiciosa Heather Lee, decide hacerle volver a la CIA. Siguiendo su propia agenda, la bella Vikander traza un personaje muy interesante, entre el villano y el aliado, quien no duda en traicionar a sus superiores y a Bourne.

Con cara de niña, la futura Lara Croft es la sorpresa de la nueva entrega. Damon es ahora un cuarentón cachas que tiene que zafarse del director de la CIA, Robert Dewey, interpretado por un siempre solvente Tommy Lee Jones, y de otro agente mortífero de la CIA, interpretado por un brutal Vincent Cassel.

Esta nueva entrega es una recuperación de la anterior saga y, como muchas otras sagas cinematográficas, tendrá segunda y tercera parte para relatar la evolución del personaje. Bourne no es Bond. Jason Bourne es un forajido, un hombre que escapa de sí mismo y siempre termina en el mismo punto de partida, como en el juego de mesa de los toboganes.

En esta entrega, el equipo de la peli trata temas tan candentes y actuales como la crisis económica griega: aparece una manifestación en la plaza Sintagma de Atenas, aunque en realidad fue un plató montado en un polígono de Tenerife, en las Islas Canarias, ya que los altos impuestos griegos no complacieron a la productora americana. Las supuestas calles de Atenas son, en realidad, calles tinerfeñas.

El filme posee todos los ingredientes de sus primeras tres entregas. Poco diálogo, agentes de la CIA robotizados, fríos, calculadores y veloces. Los movimientos frenéticos de la cámara de Paul Greengrass, como para aturdir al espectador, las persecuciones (esta vez en Las Vegas), las peleas a mano limpia con el antagonista, y el encuentro final en un cuarto cerrado con una mente pensante del mal que ha recibido Bourne. Jason Bourne vuelve a las andadas para deleite de todos.

Para acabar, deberíamos recordar el motivo de la frustración de David Webb aka Jason Bourne: el Programa Operativo Treadstone. ¿Sabéis cuáles son sus objetivos y sus requisitos? Los integrantes del Programa Operativo Treadstone deben ser entrenados para convertirse en eficientes asesinos (leading capable assassins). Apodados ‘activos’ (assets en inglés), los agentes del programa Treadstone no pueden dejar rastro de su existencia, son completamente invisibles.

Cada recluta potencial debe estar bajo la supervisión de los Sistemas de Seguridad Treadstone Act S-4 durante dos años, y deben aprender a utilizar todo tipo de armamento y a aprender todas las artes marciales conocidas. Los activos pierden su nombre biológico, se les establece uno nuevo, y se les envía a las misiones más difíciles. Pero si a este Programa Operativo le sumamos un fallo, un error ínfimo siquiera, aparecerá Jason Bourne, y de él una historia que nos tiene fascinados desde principios de este siglo.

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