J. Edgar

Después de ideas como Invictus (2009) y Más allá de la vida (Hereafter, 2010), el gran Clint Eastwood (1930), a quien servidor gusta recordar como el Rubio de los spaghetti western o  el sargento de hierro Tom Gunny Highway (1986) con todas sus frases lapidarias dignas de la Historia del Guión, nos presenta un biopic a la antigua.

Repleto de flashbacks y flashforwards, J.Edgar cuenta la vida, vicios, virtudes y limitaciones de John Edgar Hoover, el creador de la Federal Boureau of Investigation y su director desde 1924 a 1970, enemigo de casi todos los presidentes que vio pasar por el Despacho Oval, y homosexual reprimido.

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De hecho, en J.Edgar Leonardo di Caprio (1974) compone un personaje protagonista educado de forma férrea por su madre, interpretada por Judi Dench (1934), una burguesa de Washington DC fervientemente americana, con moralidad parecida a corsé y miedos e inseguridades que le hacen crecer como hombre cuya única obsesión es ser respetado: él crea el FBI porque pretende ser respetado, y lo crea con la ayuda de su secretaria Helen Gandy –una Naomi Watts (1968; King Kong, 21 gramos) encantadora y muy leal– y de su director adjunto Clyde Tolson, con quien llegó a formar pareja de hecho hasta el final de su vida.

Para amantes del biopic con doble fondo.

El fiel Tolson no solamente es el ayudante y confidente de Edgar Hoover, sino prácticamente su “marido”, un hecho que el actor Armie Hammer (1986; The social network es hasta ahora el mejor film en el que ha actuado) interpreta correctamente, insinuando algún amaneramiento y resultando decisivo para la Hoover en los momentos más difíciles para el director del FBI.

El maquillaje es, cuanto menos, sensacional. A medida que avanza la película, gracias a los kilos de maquillaje, la interpretación de los actores y (tal vez) los retoques digitales puestos durante el montaje, vemos transcurrir décadas de historia estadounidense y un paradigma de pensamiento político, el de Hoover –el anticomunismo fanático como sinónimo de nacionalismo americano–, que fueron un signo de aquella época ya pasada.

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La caracterización histórica es también muy digna de un biopic a lo clásico, de esos que vemos poco últimamente y que solo The Iron Lady puede decir que es uno de ellos. Sin embargo, ambos son distintos biopics: entre otros ejemplos, en J.Edgar el protagonista muere en el film, mientras que la señora Thatcher sigue viva.

Y ahora, en España, preguntémonos: ¿para cuándo un biopic de Fraga? En Italia ya hicieron el de Andreotti…

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