High-Rise

Esa distópica locura

Ben Wheatley se dio a conocer con Sightseers (2012), una excéntrica, perturbadora e hilarante comedia negra con un gran poderío visual. Ya entonces era evidente que el director británico apuntaba maneras; con un estilo muy personal y un ritmo narrativo muy fuera de lo habitual.

En 2015 ha vuelto a sorprender (o por lo menos lo ha intentado) con High-Rise, adaptación cinematográfica de la novela de J.G. Ballard, un autor cuyas obras han sido adaptadas al cine en varias ocasiones (cabe recordar Empire Of The Sun de Spielberg o Crash de Cronenberg) con unos resultados casi siempre encomiables.

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High-Rise relata la historia del Dr. Laing a partir de su llegada a su nuevo y flamante piso en la torre Elysium donde, al parecer, existe una sociedad ideal. En el rascacielos hay gimnasio, piscina, supermercado, fiestas y un aparente equilibrio dentro de la comunidad. Tras el encuentro con Royal, el arquitecto y creador del proyecto, la percepción de que algo está perturbando la armonía de la convivencia se va acrecentando en el Dr. Laing.

Tom Hiddlestone da vida al protagonista de esta crónica de manera impecable. Elegante, sobrio y vigoroso rol para el que parece haber nacido el actor inglés. Le acompaña un reparto excelente en el que encontramos a Jeremy Irons, un Luke Evans en estado de gracia y unas Sienna Miller y Elisabeth Moss como siempre, equilibradas y cumplidoras.

Ben Wheatley vuelve a demostrar su maestría en la captura de espacios, definiéndolos y dándoles esa importancia que requieren; de hecho el verdadero protagonista es el gigante de hormigón que ‘uteriza’ a sus habitantes.

La película transcurre como una perturbadora fábula sobre el frágil equilibrio social de hoy en día, las dolorosas diferencias entre clases y la canibalización económica que ella misma provoca.

Es cierto que el film resulta, en muchos aspectos, demasiado caótico y el ritmo se resiente. No dudamos que el director quería transmitir, a través de esta anarquía estructural, el desastreque estaba narrando dentro del edificio pero, al mismo tiempo, resulta fatigante para el espectador.

Aún así, es una demostración más de las habilidades, tanto técnicas como narrativas del director, que ya tiene preparada nueva cinta para este 2016. Free Fire tiene una pinta espectacular.

Si tenéis ganas de adentraros en el mundo de la demencia, de lo absurdo y de la alegoría más dolorosa, tenéis que ver High-Rise, no encontraréis mejor compañero de viaje para estas ocasiones que el gran Ben Wheatley. Adelante amigos, esto es solo el principio.

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