Godzilla

La última versión de Godzilla es una estafa monstruosa. El director Gareth Edwards quiso hacer una lectura original del gran monstruo nipón, pero la espectacularidad se ha quedado en el tráiler. Cierto es que Godzilla (leído gojira, en japonés) es un monstruo más bueno que malo, un enorme lagarto parecido a una especie de dinosaurio que pasó por la radiación atómica.

Los japoneses, asustados y sorprendidos por las bombas de Hiroshima y Nagasaki (una sola bomba puede destruir una entera ciudad, dejando solo las sombras de sus habitantes y las ruinas de su gloria), crearon el monstruo Godzilla hace 60 años, en 1954. En Estados Unidos la película fue presentada como Godzilla, el rey de los monstruos, a la que se le hace un guiño en esta nueva versión.

godzilla

Me quedo con la de Ronald Emmerich de 1998. En aquella ocasión el monstruo era un ser desconfiado, desorientadísímo y hermafrodita. Como en casi todas las pelis de Emmerich, destruía la capital del mundo, New York, ante la mirada de asombro y terror de todos los neoyorkinos y todos los espectadores.

En la versión americana de 1998, Godzilla era un monstruo americano en América. En 2014, Godzilla debe ayudar a los humanos a destruir los susodichos mutos, monstruos aparecidos de la radiación que pretenden anidar. Nada que ver con lo que nos han vendido en el tráiler: un Godzilla más cercano al Monster de Edwards, el monstruo clásico que todo lo quiere destruir. Al final, todo queda en una gran estafa.

El homenaje de Edwards a la historia original, completamente legítimo, aceptable, entendible, es una mentira para con el espectador.

Es una nueva ocasión del Pentágono para enseñar a toda la Tierra cuán fuerte es el ejército norteamericano: aparecen fragatas, grandísimos portaaviones, paracaidistas, soldados de todos los colores y apellidos, capitanes, sargentos, infantería, carros de combate, lanzagranadas, bengalas, rifles, metralletas… todo el arsenal USA para hacerle entender al espectador que el Imperio sigue vivo.

Yes, baby, we won the fucking Cold War and kinda lost the Afghan War… and yet we’re still here kicking your asses.

En esta ocasión, Godzilla se pasea desde Filipinas a Japón hasta San Francisco pasando por Las Vegas. Destruye gran parte de California en un nuevo guiño hollywoodiense al cambio de foco geoestratégico americano en el mundo: menos Atlántico, más Pacífico.

El nuevo Godzilla es un homenaje a la versión original y un saludo a las grandes potencias del Océano Pacífico: Rusia (el gran imperio euroasiático) y China (el imperio que vuelve a nacer después de 200 años de oprobio).

Here we are, motherfuckers, les dicen los americanos a los chinos, apoyados por sus condicionales aliados japoneses.

Yo hubiese preferido que la historia hubiera ocurrido completamente en Japón: si va de homenajes, vete a Japón, con actores asiáticos que hablen inglés con acento de New Jersey si hace falta, pero que se llamen Susuki, Abe, Nohara, Nobi…

El mundo occidental está muy, muy familiarizado con las historietas niponas, con su comida, su cultura, sus turistas, su presencia en nuestros marcos mentales es constante, siempre presente. Hubiese sido mucho más lógico que Godzilla hubiese luchado contra japoneses ayudados por americanos, y no al revés. Pero, claro, de lo que se trata es de enseñar qué arsenal posees para asustar a la competencia.

Los efectos especiales son, como no, espectaculares. La dirección desea ser amateur pero no lo consigue. Las interpretaciones de Juliette Binoche y Bryan Cranston duran demasiado poco, la de Aaron Taylor-Johnson (el chaval de Kick-Ass) demasiado, su cara de pasmarote es insoportable. Que se dedique a salir en pelotas en una portada del Interviú, o que mejore como actor por lo menos. ¡Siempre la misma cara!

Al final, todo queda en una gran estafa.

Y lo peor de todo es que en la ficción está casado con una muy guapa Elisabeth Olsen –sí, una de las gemelas Olsen, quizá la que ha esnifado menos cocaína y ha sido condenada menos veces a dormir en el calabozo por conducir ebria–, de la que no acaba de comprenderse su personaje aun siendo un buen añadido.

Esta gemela Olsen intenta sacar la cabeza después de muchos años desaparecida, en remakes como el Oldboy de Spike Lee y este Godzilla de Edwards. Si es lo suficientemente seria y persiste, puede llegar a aparecer en master pieces. Veremos.

Termino con Ken Watanabe. Personalmente, es un actor que me gusta. Es el típico actor no americano que los americanos van a buscar para que interprete a un compatriota del actor.

¿Tenemos un personaje francés? Jean Réno y Gérard Deparidieu. ¿Tenemos un personaje hispano? Antonio Banderas y Penélope Cruz. ¿Tenemos un personaje italiano? Roberto Benigni. ¿Tenemos un personaje japonés? Ken Watanabe. Y paremos de contar. Así de simple es la máquina propagandística llamada Hollywood. En este Godzilla, Watanabe está a la altura de sus circunstancias.

Gareth Edwards recicla la película para su uso y gusto privado, proponiendo un superespectáculo de autor.

El doblaje al castellano que le han hecho es muy divertido, le ha doblado un japonés y se nota. Watanabe me devuelve al anterior argumento de: ya que es un monstruo japonés, y quieren hacer un homenaje de la versión de 1954 sesenta años después, ¿por qué no poner a Godzilla en Tokio, rodeado de actores asiáticos, aun hablando inglés para poder vender mejor la película?

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