We love Gandia Shore!

Antes de leer este artículo, sintonicen con alguna canción de Juan Magan.

Domingo 14 Octubre 2012 fue un día especial para los amantes de la mal denominada telebasura: la MTV estrenó la versión española de la serie internacional Shore. Después de su versión italoamericana en Jersey, y de la hooligan inglesa Geordie, España presenta: GANDIA SHORE. Una obra de arte del realismo televisivo más hortera y desacomplejado. Insultos, destrozo del idioma, primitivismo, pocas luces, moños, chulería, músculos, pectorales como tetas, rímel, culto al cuerpo y orgullo choni.

Con una construcción impecable de la vida loca en Gandía de los ocho protagonistas (la dicharachera Arantxa, la Gata, Ylenia, la Core, Esteban, Clavelito, Labrador y Abraham), cuya simpatía irradia la pantalla, el telespectador vive una amalgama de sentidos, desde la vergüenza ajena a la envidia sana hacia aquella vida dedicada a la imagen, a un mundo colorido en el que España sigue siendo un país verbenero en fiesta y no en resaca. Los ocho chavales no solo viven (en este caso, eufemismo de bailar y beber), sino que los productores del programa les ponen a trabajar en un chiringuito de playa de la novena gran protagonista del show: Gandía, que rivaliza con Benidorm y Marina d’Or por ser la ciudad de vacaciones por antonomasia. El soundtrack es la mejor lista de reproducción de canciones house y disco hispano y europeo que pueda encontrarse en Youtube.

Mientras miraba y me divertía viendo Gandía Shore echaba un vistazo a Twitter: Gandía Shore, incluidas sus variantes hashtag y mención, fue trending topic, tanto por lovers como por haters (desdichados odiadores snobs con pretensiones de intelectual de baratillo). Los había que, como yo, se habían enamorado de este programa, y aquellos que lo criticaban con sorna, con rabia, con frustración. Prácticamente todos los participantes del show poseen cuenta de Twitter, y casi ninguno de ellos contestaba a los ataques furibundos que mucha gente regalaba al mejor programa de telebasura orgullosa de ser telebasura que se ha parido en años. Si queréis trashtv de calidad id a MTV, y dejad Telecinco para los que no saben (o pueden) apreciar el noble arte del entretenimiento zafio. Gandía Shore, sin cursivas, es un placer culpable, y punto.

Catalunya está muy bien representada en este mundo: Cristina, “Core” (Arantxa, cuando la conoce, le suelta: “¡Core! ¡Como jarcóre! [del vocablo anglo hardcore]. Solo hay de soltarle a Arantxa un sincero: ¡Eres grande!), es una chica de Vic, comarca de Osona. Ni de Cornellà de Llobregat, o de la Zona Franca de Barcelona, o de Lloret de Mar, o de Salou, lugares todos ellos en plenitud chonial, sino de la ciudad más santa del catalanismo: Vic.

El paradigma de la ciudad catalana por antonomasia, con sus vicios (PxC) y virtudes (fuet, plaça Major, llonganiça, Carpes…). Gandía Shore, amigas/os, nos recuerda que dentro de cada uno de nosotros vive un pequeño chulo (o choni) interior, que ama la fiesta más simple: chicas, sexo, lío, alcohol. La animalada de la noche. Y nada más. Si dentro de cada uno de nosotros vive un instinto nocturno soez, significa que vivimos rodeados de personas como Clavelito, Labrador, Arantxa, Gata, Core, Esteban, Abraham e Ylenia, quienes parecen la mejor de las compañías si pretendemos hacer un buen botellón, o salir de fiesta.

Les sugiero, señoras/es, que hagan un viaje a Benidorm, o a Oropesa de Mar, o a Lloret de Mar, que se diviertan sin complejos de la industria de la fiesta que es lo que, al fin y al cabo, engrosa el depauperado PIB español (y catalán [nos tenemos que ir acostumbrando a que Catalunya será, tarde o temprano, un nuevo estado de la UE]).

Quien firma estas líneas ha vivido noches en Pont Aeri, en Masía (Segorbe, provincia de Valencia), en Mansión (Benidorm, provincia de Alicante), Lloret, Salou… Y no por ello ha dejado de ser un lector consumado tanto de novela como de cómic como de manuales de Ciencia Política o de Historia, o telespectador de documentales de la Televisió de Catalunya y de series de mucha calidad como Breaking Bad, Boardwalk Empire, The Newsroom, y otras tantas.

Tenemos que acostumbrarnos. Gandía Shore es un programa más de lo que se ha bautizado injustamente como telebasura. La trashtv es más consecuencia que causa. El problema no es que se produzca y se cree un programa de estas características (porque incluso la disciplinada Alemania tiene su sucedáneo, I love Lloret, que trascurre en dicha localidad gerundense), sino el share que pueda llegar a tener.

Si existe demanda de esta modalidad de entretenimiento televisivo, en el que se han especializado la Mediaset y la MTV, por ejemplo, el mercado tiene que satisfacerla con la pertinente oferta.

Si queremos conseguir que la telebasura desaparezca o, para no ser tan radical, se modere, tenemos que impulsar/mejorar/incrementar las políticas públicas de educación o (in)directamente conectadas a la educación, e intentar que las estadísticas PISA dejen de poner a España (y a Catalunya) en puestos mediocres de las tablas.

La verdadera telebasura es aquella que insulta al telespectador, que le miente, que le ofende, como la que vomita diariamente el Grupo Intereconomía, o su neocompetidor heavy 13TV. La verdadera telebasura es aquella que se cree estar por encima de los demás.

Simplifiquemos nuestra vida, no caigamos en el error de pensar que Labrador, Ylenia & Cía. son simples chonis: saben lo que hacen, saben que un séquito de cámaras les sigue, saben que son personajes y que dan su vida por ello. Mujeres y Hombres y Viceversa y Gran Hermano se quedan cortos delante de Gandía Shore.

AVISO: La cúpula directiva de “Los de la Bici” NO se hace responsable de las opiniones de Massimo.

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