‘Vértigo’: de entre las obras maestras

Vértigo

Sigo creyendo que Vértigo es la mayor obra de arte que creó Alfred Hitchcock: la que encierra más verdad, la que se arropa en un velo de Maya de extraordinaria belleza, la que accede al estatuto de gran poema trágico. Es, sobre todo, una sobrecogedora historia de amor; casi una confesión del realizador a su obra, a Galatea, a la matriz femenina de sus amores, a la Ewig Weiblichen que nos atrae hacia sí.

>>> > V < <<<

La parte más falsificada, toda la primera mitad de la cinta, con la silenciosa persecución en automóvil hasta llegar al encuentro de los dos, hasta la escena de los secuoyas y de la Misión de San Juan Bautista, constituye uno de los repertorios filmados más sugestivos, más hermosos, más líricos de la historia del cine. ¡Y sin embargo todo es una falsificación! Falsedad, mentira, belleza parecen convalidar en esta inmensa película las tesis estéticas y ontológicas de Nietzsche sobre el arte.

Todo es extraordinario y está envuelto en una música embrujada, quizás la más hermosa partitura de Bernard Herrmann para el cine, con motivos de la cantera romántica del Tristán, con ritmo de habaneras que sugiere el ambiente español de las misiones (Dolores y Juan Bautista), con lastimeros acentos del adagio final, ‘Adagio Lamentoso’ de la Sinfonía Patética de Chaikovsky, o del Vals triste de Sibelius, y con un inconfundible pasaje –ya al final de la película- de una gran idea musical del tercer movimiento de la Quinta sinfonía de Chaikovsky.
Vértigo

>>> > V < <<<

Hay en Vértigo una necesaria imperfección: esas preguntas que al fin espeta Scottie mientras arrastra a Judy al escenario del crimen, y que el espectador también se hace, todo este ‘fuera de campo’ que no es desvelado en la cinta, todo ello queda sacrificado en pos de la extraordinaria poesía trágica de la película, la que tiene sus momentos culminantes con Scottie, al anochecer, deambulando cual espigado fantasma por las calles d San Francisco, o volviendo a los escenarios donde se encontró con Madeleine, donde cree verla, siendo siempre un espejismo: en el restaurante Ernie’s, en el museo de la Legión de Honor, o en las puertas del edificio donde Madeleine vivía.

Vértigo

>>> > V < <<<

Y no sabremos el desenlace del último plano, con Scottie al borde del abismo, contemplando el cuerpo inerte de Judy, con los brazos abiertos en actitud levemente cristológica, brazos caídos, abrazando el puro vacío, al fin libre del vértigo, pero comprendiendo que el fantasma de su gran amor se ha desvanecido para siempre.

 

Eugenio Trías. De cine. Aventuras y extravíos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *