El arte de callar

El primer grado de la sabiduría es saber callar; el segundo es saber hablar poco y moderarse en el discurso, el tercero es saber hablar mucho, sin hablar mal y sin hablar demasiado.

     Principios necesarios para callar.

Sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio. […]

No hay menos debilidad o imprudencia en callar cuando uno está obligado a hablar que ligereza e indiscreción en hablar cuando se debe callar.

Es cierto que, en líneas generales, se arriesga menos callando que hablando. […]

Más vale pasar por no ser un genio de primer orden, que por un loco, dejándose arrastrar por el prurito de hablar demasiado. […]

Por más inclinación que tengamos al silencio, siempre hay que desconfiar de uno mismo; y, si tuviésemos demasiado deseo de decir algo, a menudo eso mismo sería motivo suficiente para decidirse a no decirlo.

callar

     Diferentes especies de silencio.

Es un silencio inteligente cuando en el rostro de una persona que no dice nada se percibe cierto talante abierto, agradable, animado, e idóneo para reflejar, sin la ayuda  de la palabra, los sentimientos que se quieren dar a conocer. […]

El silencio político es el de un hombre prudente que se reserva y se comporta con circunspección, que jamás se abre del todo, que no dice todo lo que piensa, que no siempre explica su conducta y sus designios; que, sin traicionar los derechos de la verdad, no siempre responde claramente, para no dejarse descubrir. Tiene por divisa estas palabras de Isaías, Secretude meum mihi.

Hablar mal, hablar demasiado o no hablar bastante son los defectos ordinarios de la lengua.

Un hombre prudente y capaz de escribir, al que se preguntó cuándo se decidiría a escribir un libro, respondió: “Será cuando me aburra de hacer otra cosa, y no tenga nada que perder.” Dejo a los escritores impacientes la tarea de extraer todo el sentido de esta respuesta.

Uno es dueño de pensar; pero no lo es de los pensamientos escritos y entregados al lector.

Si se trata del secreto, nunca se debe poner por escrito, en esta materia, la reserva no ha de temer excesos.

No hay más mérito en explicar lo que uno sabe que en callar bien lo que se ignora.

La reputación de hombre de talento mediocre es más cómoda, porque no se espera nada de su inteligencia; a poco que dé, se le agradece; si no da nada, nadie le hace ningún reproche; no habría nada que esperar.

 

Abate Dinouart, El arte de callar.

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