Negro humor metafísico…

beckett

NAGG: ¿Qué significa eso? (Pausa.) No significa nada. (Pausa.) Voy a contarte la historia del sastre.

NELL: ¿Por qué?

NAGG: Para entretenerte.

NELL: No es divertida.

NAGG: Siempre te hizo reír. (Pausa.) La primera vez creí que reventabas.

NELL: Sucedió en el lago de Como. (Pausa.) Una tarde de abril. (Pausa.) ¿Puedes creerlo?

NAGG: ¿Qué?

NELL: Que paseábamos por el lago de Como. (Pausa.) Una tarde de abril.

NAGG: Nos habíamos casado la víspera…

NELL: ¡Casado!

NAGG: Reíste de tal modo que casi nos hiciste zozobrar. Deberíamos habernos ahogado.

NELL: Me sentía feliz, fue por eso.

NAGG: No, no, fue por mi historia. La prueba es que aún te ríes. Cada vez.

NELL: Era profundo, profundo. Y veíamos el fondo. Tan blanco. Tan limpio.

NAGG: Escúchala otra vez. (Voz de narrador.) Un inglés… (Pone cara de inglés, recobra su expresión habitual) que necesitaba urgentemente un pantalón a rayas para las fiestas de Año Nuevo va a un sastre, éste le toma las medidas. (Voz del sastre.)Sorry, vuelva dentro de ocho días, los fondillos me salieron mal.” Bien, resulta difícil hacer bien los fondillos. Ocho días después. (Voz de sastre.) “Estoy desolado, desgracié las entrepiernas.” Bien, de acuerdo, las entrepiernas, es un trabajo delicado. Diez días después. (Voz del sastre.) “Lo lamento, vuelva dentro de quince días, estropeé la bragueta.”

Bien, la verdad es que hacer una buena bragueta es un trabajo muy comprometido. (Pausa. Voz normal.) La cuento mal. (Pausa. Apenado.) Cada vez la cuento peor. (Pausa. Voz de narrador.) En fin, resumiendo, entre una cosa y otra, llegó Pascua y echó a perder los ojales. (Rostro, voz del cliente.) “¡Goodman Sir, no, realmente, eso es indecente! Dios hizo el mundo en seis días, me comprende, en seis días. ¡Sí señor, sí, el MUNDO! ¡Y usted no tiene narices para hacerme un pantalón en tres meses!” (Voz del sastre, escandalizado.) “¡Pero, señor! ¡Señor! Mire (Gesto despreciativo, con asco.) el mundo… (Pausa.)… y mire… (Gesto apasionado, con orgullo.) ¡mi PANTALÓN!”

Samuel Beckett, Fin de partida.

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