El Topo

Calderero, sastre, soldado, espía, trabajos para Karla.

Hemos titulado esta reseña con la traducción fehaciente de la película basada en la novela de John Le Carré Tinker, Tailor, soldier, spy, dirigida por Tomas Alfredson, autor de la peli nórdica original de Déjame entrar (Let the right one in, 2008), pues El topo nos parece un poco título-spoiler.

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En esta cinta situada en la guerra fría, con interpretaciones nada desdeñables de Gary Oldman, Colin Firth o John ‘Gandalf/Magneto’ Hurt, entre otros, un espía debe vigilar a sus colegas del Circus, la sede de los servicios secretos de Su Majestad la Reina, pues hay un topo entre ellos, mandado por Karla, el nombre en clave del mundo secreto de los comunistas soviéticos.

Es una peli gris porque pretende serlo, de diálogos complejos y escenarios fríos como aquella guerra que en Europa, desde las penínsulas del Mediterráneo hasta la Escandinavia, y desde las islas británicas hasta los Urales y más allá, se libraba a base de espías que espiaban de aquí para allá, de ahí para acá, en un universo de secretos a veces imperturbable pero, al mismo tiempo, tan sencillos como sus mismos portadores.

El topo que el para nada sonriente espía Smiley (Oldman) debe encontrar es un filme lento y complicado que puede no gustar a muchos, pero a aquellos pocos que deseen conocer y/o rememorar el ambiente de la Cold War les decimos: para paladares refinados, vinos añejos.

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