El Bar

Esperpento al poder

Si algo caracteriza a España es su carácter inclasificable; un mejunje difícil de describir y de analizar, donde un sinfín de realidades conviven casi ignorándose la una a la otra. Un país en el que la risa más atávica es provocada por una hostia bien dada, o por la simple amenaza de recibirla.

Seguramente, Ramón María del Valle-Inclán analizó de la mejor manera posible la realidad que le rodeaba a través del esperpento y Álex de la Iglesia parece saber que no hay mejor manera para analizar la actualidad que a través del espejo deformado de lo grotesco y lo exagerado.

El Bar es, sin duda, su mejor trabajo desde la superlativa Balada Triste de Trompeta. En ella, vuelve a poner sobre la mesa los temas que más le interesan y, sobre todo, vuelve a mostrar su estilo personal que le confirma como uno de los más grandes cineastas de este extraño e inclasificable país.

Un grupo heterogéneo de personas está almorzando en un bar en pleno centro de Madrid cuando uno de ellos sale a la calle y recibe un disparo en la cabeza. De golpe, la plaza se vacía de gente y nadie se atreve a salir por miedo a morir. Así da comienzo esta especie de Diez Negritos, donde la lucha por la supervivencia y la búsqueda de algún culpable darán el toque de inicio a una aventura trepidante.

Un reparto coral encabezado por Mario Casas y Blanca Suárez protagoniza este ‘thriller’ trepidante y asfixiante en el que el director vasco demuestra que está en plena forma.

Con el inconfundible estilo del director bilbaíno, el film avanza a buen ritmo y con un sentido del espectáculo bestial, donde lo grotesco y lo desagradable se dan la mano sin dejar de lado el mensaje de fondo. Una metáfora esperpéntica sobre la sociedad actual y una afilada disección de todas nuestras miserias.

¿Cómo actuarías ante situaciones límite? ¿Serías la misma persona que crees ser o te convertirías en un animal con el único objetivo de sobrevivir?

El Bar

De la Iglesia plantea estos dilemas y con sus habituales toques de humor negro y cañí (exacto, la hostia bien dada no tarda en aparecer), y su sentido estético por lo pulp, vuelve a su mejor cine. De hecho, la peli tiene muchas cosas en común con La Comunidad, seguramente una de sus mejores películas.

A parte de su marcado estilo, no paran de llegar ecos del cinéfilo que el director lleva dentro y es fácil acordarse de La Cabina, La Niebla o incluso Los Odiosos Ocho. El Bar es tan auténtica como referencial y esto, amigos, es absolutamente delicioso.

Los actores, como siempre en su cine, están espléndidos; desde la ‘chica de la Iglesia’ Terele Pávez hasta un Jaime Ordoñez espectacular. Por si fuera poco, el guión escrito a cuatro manos con el gran Jorge Guerricaechevarría aguanta muy bien la estimulante premisa inicial.

Excesiva en todos sus aspectos, El Bar es la mejor película de Álex de la Iglesia desde hace años y se convierte, ipso facto, en un clásico del cine español.

Deshumanicémonos, el esperpento ha llegado.

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