Reflexiones de un cineasta

Sergei M. Eisenstein: Reflexiones de un cineasta [Extractos, 1]

Prólogo, edición y notas de Roman Gubern. Editorial Lumen, Barcelona, 1970

El acorazado Potemkin se presenta como una crónica de acontecimientos, pero opera como un drama. El secreto de esto reside en que el desarrollo de esta crónica está ajustado estrictamente a las leyes de la composición trágica bajo su forma más estrictamente codificada, la de la tragedia en cinco actos. Tomados en la desnudez de sus hechos, los acontecimientos se desarrollan en cinco actos de tragedia. […]

Eisenstein

Acto I: Hombres y gusanos. Exposición. Situación a bordo del acorazado. La carne agusanada. El descontento cunde entre la tripulación.

Acto II: Drama en el alcázar. “¡Todo el mundo a cubierta!” Los marineros se niegan a comer la sopa. Escena de la lona. “¡Hermanos!” El pelotón se niega a disparar. Motín. Los oficiales son arrojados al mar.

Acto III: La sangre clama venganza. La bruma. El cuerpo de Vakulinchuk en el puerto de Odesa. Lamentación fúnebre. Manifestación. Se iza la bandera roja.

Acto IV: La escalinata de Odesa. La población fraterniza con el acorazado. Las yolas cargadas de víveres. La matanza en la escalera.

Acto V: Encuentro con la escuadra. Noche de tensión. La escuadra es avistada. Máquinas. “¡Hermanos!” La escuadra se niega a disparar. […]

Unidos  solamente por el hilo conductor del tema, los cinco actos no se parecen mucho exteriormente en lo demás. Pero en cierto aspecto son absolutamente idénticos: cada acto se encuentra claramente articulado en dos mitades casi iguales, sobre todo a partir del segundo acto. […] Así pues, esta regla constante constituye el carácter distintivo de toda la composición de conjunto de “El acorazado Potemkin”. Todo el film se halla, efectivamente, cortado también en dos partes, hacia su mitad, por una pausa, una cesura en donde todo el movimiento que arrastra todo el principio se detiene completamente, para adquirir luego un nuevo impulso.

El making of de El acorazado Potemkin

Para hacer la película de un acorazado, primero es necesario un acorazado. […] El verdadero Potemkin hace ya años que ha sido desguazado. Es incluso inútil buscar dónde hayan podido ir a parar las planchas del blindaje que un día recubrieron sus vastos flancos.

Una investigación informa sin embargo que si el viejo Príncipe Potemkin de Taurida no pertenece ya a este mundo, un gemelo suyo y amigo vive todavía, un acorazado que conoció su hora de gloria: Los Doce Apóstoles. […] Sumergido hasta la cintura en las aguas plácidas de la bahía de Sebastopol, Los Doce Apóstoles parecía haberse inmovilizado para siempre. Pero estaba escrito  que la ballena de acero se despertaría todavía una vez más. […]

El acorazado está anclado paralelamente a la costa. Sin embargo, el “drama del castillo de popa” había transcurrido en alta mar. Pero Liocha Krukov, mi ayudante, tiene un ojo de lince. Había antes descubierto al antepasado blindado en el laberinto de la rada. También va a resolver esta dificultad. Si esta masa enorme gira noventa grados para situarse de espaldas a la costa, el buque, fotografiado desde la proa, encaja en una brecha entre las rocas y la longitud de los flancos se recorta sobre un fondo de cielo. El acorazado parecerá estar en alta mar.

Sergei M. Eisenstein: Reflexiones de un cineasta [Extractos, y 2]

Prólogo, edición y notas de Roman Gubern. Editorial Lumen, Barcelona, 1970

En la escalera de Odesa

La escena de la escalinata de Odesa no figura en ninguna variante del guion ni en los borradores de montaje. Nació instantáneamente del contacto directo con la realidad.

Se ha dicho que me vino la idea escupiendo en lo alto de la escalera, desde el monumento de Richelieu, huesos de cereza que rebotaban sobre los peldaños. El mito es gracioso, pero sigue siendo un mito. Es la misma huida de los peldaños la que ha engendrado la idea de la escena. Es su vuelo el que ha hecho volar la imaginación del realizador. La huida pánica de la multitud volando de peldaño en peldaño no hace más que exteriorizar materialmente mi primera impresión de la escalera.

La importancia del primer plano

Ha sido este film el que, en gran medida, ha llevado a reflexionar sobre la importancia del primer plano, a hacer de él, no un detalle indicativo, sino un elemento capaz de despertar en el espectador la conciencia y el sentimiento del todo.

Los binóculos del médico sustituyen así, en un momento dado, a su propietario: cuando los marineros le arrojan por la borda, las gafas mecidas por las olas reemplazan al individuo engullido por las aguas.

En uno de mis artículos, he comparado este empleo del primer plano a la figura retórica denominada sinécdoque. Y hago depender el uno y el otro de la aptitud de nuestra percepción de reconstruir el todo en la conciencia y el sentimiento, a partir de la representación de una parte. Pero ¿cuándo este fenómeno es estéticamente posible? […] Únicamente en el caso de que esta parte, este elemento o este episodio sean típicos. Es decir, cuando el todo se encuentre verdaderamente reflejado como en una gota de agua. […]

Del mismo modo, el episodio del motín del Potemkin incorpora de modo puramente histórico a su “intriga” una innumerable multitud de acontecimientos profundamente característicos del “ensayo general de Octubre”. La carne estropeada se eleva a símbolo de la condición inhumana a la que se encontraban reducidos, no sólo el ejército y la marina, sino los obreros explotados, “el gran ejército de trabajadores”. […] La escena de la escalera contiene la carnicería de Bakú, así como la jornada del 9 de enero, en la que la reacción atropelló implacablemente a una multitud crédula, feliz de respirar la primavera de la libertad, o la asamblea del teatro de Tomsk, salvajemente incendiada por los matarifes del Escuadrón Negro. Finalmente, el desfile triunfal del acorazado a través de la escuadra enviada para reducirlo, este acorde mayor de órgano que cierra el film, lleva en sí la imagen de la revolución de 1905 en su totalidad.

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