Drew Struzan

Drew Struzan: The man behind the poster.

Posiblemente jamás hayas oído su nombre, pero estamos seguros de que conoces sobradamente la obra de Drew Struzan, icono de la cultura popular, quien, a través de sus pósters, ha encandilado a más de una generación de aficionados al cine. Os convenceréis; hubo una época en la que ‘Drew was the movies.

El trabajo de este artista norteamericano se considera muy importante, tanto que a Erik Sharkey se le ocurrió rodar el documental Drew: The Man Behind the Poster en el que, gracias a los testimonios de directores como George Lucas o Steven Spielberg, y de actores como Harrison Ford o Patrick Jane, se analiza la contribución al mundo del cine de este fantástico artista.

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Drew Struzan en persona nos da a conocer diversas anécdotas de sus años de estudiante y de cómo su mala situación económica (y la de su familia) le ayudó a crear una técnica de trabajo que, con el tiempo, le llevaría a ser lo que es hoy en día: ¿una leyenda del cartelismo?

En un mundo todavía analógico, el de Oregón comenzó su carrera ilustrando portadas de discos para artistas como los Beach Boys, Black Sabbath o Alice Cooper hasta que, a mediados de los años 70, su trabajo empezó a ser conocido también por publicistas y gente de la industria del cine.

Struzan es el artista que se esconde detrás de los carteles de las películas más queridas de la historia del cine.

Habiendo pasado por diferentes trabajos, mal pagados y en los que él no tenía el control de nada, finalmente a Drew Struzan se le ofrece la oportunidad de realizar, conjuntamente con el pintor Charlie White III, el primer cartel para Star Wars… ¡Que resultó una auténtica chapuza! Físicamente. Mientras que uno pintaba al óleo, el otro utilizaba el aerógrafo, olvidaron dejar el espacio reservado a textos y logotipos… Sin embargo, parece ser que no todo salió tan mal, puesto que Struzan y Lucas trabajarían conjuntamente durante muchos años.

A lo largo del documental, el creador de piezas tan icónicas como son los carteles de Indiana Jones, The Thing, Hook o Masters of the Universe, es valorado por infinidad de testimonios. Alaban su capacidad para mostrar todo lo que ocurrirá en la peli, sobre un simple papel de 50×70 centímetros; su estilo inconfundible que transmite emoción inmediata, y sobre todo su capacidad para satisfacer e incluso superar con creces las expectativas de determinadas películas (Big Trouble in Little China es un bodrio; sin embargo, su póster puede animar a pagar por verla).

Drew Struzan realiza con aerógrafo la mayor parte de los encargos que recibe; es una herramienta difícil de manejar, que requiere mucha habilidad y paciencia. Sus pinturas, vistas desde cerca podrían pasar por cuadros puntillistas; vistos a una distancia prudencial, en cambio, se asemejan a una fotografía (¡compruébalo observando los jeans que viste Michael J.Fox en los pósters de Back to the Future!).

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Lo evidente es que se trata de un trabajo de mucha calidad artística, hecho a mano y que desgraciadamente ya no se demanda tanto; si prestamos atención, todos los carteles de películas actuales son demasiado semejantes, transmiten poca o ninguna información, por lo general son totalmente estáticos y no tienen muchos rasgos artísticos.

El de Struzan es un arte perdido, aunque seguramente muy cotizado. No sabemos cuántos carteles había pintado a lo largo de su carrera, pero, tras varios desencuentros con la industria de Hollywood, cansado de todo, decidió darse de baja y seguir dedicándose a lo suyo.

Así concluye el documental, rodado en 2013. Pero supimos que el artista había interrumpido su retiro para contribuir a una causa benéfica: Batkid. El sueño de un chavalín que tras vencer el cáncer quiso ser Batman por un día.

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Posiblemente Star Wars no sea una causa tan noble, pero imaginamos que Struzan se encargará otra vez de crear la imagen de lo que acontecerá próximamente en esa galaxia tan lejana.

Si en algún momento disponéis de hora y media libre, no dudéis en ver Drew: The Man Behind the Poster. Para ello no se requiere un nivel alto de frikismo: basta con tener un poco de curiosidad, algo de sensibilidad artística y, sobre todo, pasión por el cine.

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