Que Dios nos perdone

Otro gran thriller español.

Verano de 2011, hace mucho calor en Madrid y la capital espera la llegada de Benedicto XVI entre peregrinos ilusionados y manifestaciones en contra. Mientras la ciudad bulle y van apareciendo ancianas violadas y asesinadas, los inspectores Alfaro y Velarde serán los encargados de investigar mientras intentan apaciguar sus propios monstruos interiores. Que Dios nos perdone es el título del excelente thriller de Sorogoyen y es un peliculón en toda regla. Anómalo, angustioso y trepidante.

Rodrigo Sorogoyen, que en 2013 ya nos dejó helados con la espléndida Stockholm, nos regala un thriller español (sí, ya va siendo hora de poner nombre propio a un género tan bien practicado en la península), con todas las de la ley.

Personajes que huyen de los estereotipos hollywoodienses, atormentados, tenebrosos, la mayoría de las veces antipáticos e indeseables; el inteligente retrato social que sirve de telón de fondo para los asesinatos cometidos; una estética dura, seca e impactante; unos actores totalmente entregados; esos finales pueden llegar a indignar.

Correcto, el thriller español ya se ha convertido en un género aparte, utilizado por los autores para hablar del país y de sus flaquezas, de los españoles y de sus monstruos interiores.

En este asfixiante film, dos inspectores darán caza a un asesino en serie: el tartamudo, obsesivo y traumatizado Velarde (el hierático Antonio De La Torre está como siempre, soberbio) y el violento, fascistoide e inestable Alfaro (Roberto Álamo, está espectacular en el mejor papel de su carrera), tendrán que lidiar con sus problemas personales al mismo tiempo que intentan detener al misterioso asesino.

A pesar de contar con tics propios del thriller clásico (el pique entre parejas de detectives, la contraposición de dos personajes diametralmente distintos, la cruda recreación de los asesinatos…), se alza como un producto sui generis capaz de impregnar la pantalla de ese triste gris (la fotografía de Alejandro de Pablo es una delicia) y de dejar al espectador helado por lo que ve y pensativo sobre los temas que deja caer.

Sorogoyen se destapa como maestro del tempo narrativo, mezclando momentos de frenética tensión con secuencias de tensa calma. Está claro que la música de Olivier Arson ayuda, y mucho, a crear esta atmósfera de intranquilidad.

Así pues, con secuencias tan espectaculares como la de la persecución y ese final adusto y necesario, el director se postula como un grande del cine español.

Que Dios nos perdone es una excelente, gris y hosca propuesta que no os podéis perder. El thriller (español) del año, una patada en la boca del estómago.

Padre Nuestro que estás, o no, en los Cielos, perdónanos por disfrutar tanto. Amén.

Sorogoyen

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