Bajo el sol de medianoche

Corto Maltese nació en La Valletta, Malta, el 10 de julio de 1887 aunque desapareció de forma misteriosa en 1925, encontrándose en Suramérica tras la pista del mítico continente Mu; alguien afirma haberlo visto en España, durante la Guerra Civil, aunque no hay pruebas de ello. Hijo de un marinero británico y de una gitana de Sevilla, Corto es el aventurero que ha grabado en su mano izquierda la línea que los cartomantes denominan ‘de la fortuna’, afirmando así ser el único arquitecto de su propio destino.

En cambio, Hugo Pratt (creador, escritor y dibujante de Corto Maltese) desapareció en 1995, tras regalarnos veintinueve aventuras protagonizadas por el gentiluomo di fortuna. «No me molesta la idea de que un día alguien decida continuar con las aventuras de Corto Maltese», relatava a Dominique Petitfaux en el libro de conversaciones All’ombra di Corto.

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Así pues, era inevitable que el marinero más carismático del cómic europeo retomara sus andanzas y nos llevara de vuelta a su mundo, compuesto por islas y océanos, desiertos y ciudades, y habitado por indígenas, bellas mujeres y militares.

Ante la dificultad de designar a un digno sucesor, el primer nombre en ser descartado fue el de Milo Manara, que así se expresaba durante una charla con el público en 2014, aludiendo a la maestría de su amigo Pratt en dar expresividad a la mirada del célebre marinero, una mirada con la que sus lectores difícilmente se cruzarán: «¿Alguna vez os habéis fijado en que Pratt nunca dibuja los ojos de Corto Maltese? Es por esta razón por la que he decidido no aceptar la propuesta de mi amigo Hugo para realizar una nueva historia sobre el aventurero de La Valletta».

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Finalmente, el encargo de recuperar el legado de Pratt, creando una aventura inédita para su héroe, cayó en manos del equipo creativo formado por Juan Díaz Canales, uno de los guionistas más importantes del cómic actual (creador de la exitosa saga Blacksad, galardonada con con un premio Eisner y con el premio del Festival Internacional de Angoulême) y Rubén Pellejero, que inició su carrera como ilustrador en los años setenta y es reconocido, sobretodo, por la serie Dieter Lumpen (su Silencio de Malka también fue premiado como mejor obra extranjera en Angoulême).

Y así , tras la publicación de Mu–La città perduta , el célebre marinero está viviendo su decimotercera aventura, que ha sido publicada de forma simultánea en Francia (Casterman) y en España (Norma Editorial). Bajo el sol de medianoche regresa Corto Maltese, un antihéroe que antepone la libertad y la fantasía a la propia riqueza, un Ulíses moderno capaz de trasladarnos a los lugares más fascinantes del mundo.

En este capítulo apócrifo, la acción se aleja de los territorios que recorría el aventurero en La casa dorata di Samarcanda (Siria, Afganistán e Irán) y se sitúa en el Gran Norte americano, durante el ocaso de la fiebre del oro; Corto seguirá los pasos de Jack London, el escritor con el que ya se cruzó en 1905 en Manchuria (región histórica ubicada al noreste de China), durante los últimos días de la guerra ruso-japonesa narrada en La Giovinezza.

Si bien es cierto que tanto los personajes (los inuit) como la ambientación presentadas en este álbum son inéditos (las heladas tierras de Canadá y las gélidas olas del Pacífico septentrional), los ingredientes clásicos de las aventuras de Corto Maltese permanecen inalterados. 

Y eso es bueno, aunque la inevitable comparación con las historias de Pratt revela que este episodio pierde algo de respeto frente a la característica atmósfera onírica de algunas aventuras de Corto Maltese; En esta nueva entrega también aparece un sueño, pero resulta completamente desconectado del tejido narrativo y da la impresión de haber sido añadido de forma algo forzada, con tal de recuperar todos los elementos utilizados de forma recurrente por el maestro de Rimini.

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El apartado gráfico corre a cuenta de Pellejero, que modifica la escenografía pero mantiene la inconfundible estructura de las páginas, divididas en cuatro tiras horizontales, aunque por desgracia su trazo rompe la ilusión de volver a leer un álbum de Pratt… Evidentemente se mantienen las características esenciales de su estilo, aunque desde mi punto de vista el dibujo de Pellejero no es tan espontáneo, sino más contenido, controlado y estilizado. Claro que el objetivo nunca fue copiar a Pratt sino inspirarse en su obra.

La paleta de colores utilizada por Pellejero es una muy buena elección puesto que nos introduce de lleno en la historia y además es fiel al trabajo desarrollado por la colorista Patrizia Zanotti en los primeros volúmenes de Corto Maltese (esta dibujante de origen argentino comenzó a trabajar con Hugo Pratt a los diecisiete años y en la actualidad es la directora de Cong, la empresa que gestiona los derechos sobre la creación del autor. En 1994, ambos fundaron la editorial Lizard Edizioni).

Dicho lo cual, llegamos a la conclusión de que los dibujos de Pratt transmiten infinitamente más, son más oníricos y sugerentes; trabajar con pincel le permitía dibujar esas sombras y texturas tan características y con unos pocos trazos de tinta y acuarela fue capaz de crear un mito, el de Corto, que en 2015 cumplía cincuenta años (recordemos que la primera aparición del célebre personaje se remonta a 1967, en el álbum titulado Una ballata del mare salato).Maltese

Bajo el sol de medianoche funciona perfectamente como homenaje, pero no convence del todo. ¿Por qué? Bueno, porque ni Pellejero ni Canales son Corto Maltese; lo respetan pero no logran vivirlo como un personaje propio. Pratt, en cambio, dedicó toda su vida a viajar y a definir la personalidad de su álter ego, esculpiéndola a partir del recuerdo de una vida pasada: Corto Maltese es Hugo Pratt y Hugo Pratt es Corto Maltese.

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