Blade Runner 2049

No esperéis ninguna frase mítica como la del replicante Roy Batty bajo la lluvia, diciendo eso de:

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

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No. La secuela, esperadísima secuela de la obra magna Blade Runner, esta vez con el sufijo 2049, no posee ninguna frase que pueda perdurar en el tiempo. Y no, no vayáis con expectativas altas. Es una buena continuación, no seamos malvados. Es una secuela muy buena, con un guion impecable que sabe recuperar la historia original y, al mismo tiempo, convertir esta película en un replicante independiente de su original. No es ni puede ser, sin embargo, una película que pase a la historia.

Ahí queda la genialidad de Denis Villeneuve, el director canadiense de esta Blade Runner 2049: en hilvanar una historia que enlaza con la primera de 1982 pero que, asimismo, puede andar sola. Fui a ver este film con dos colegas de trabajo que no habían visto la original de Ridley Scott (¡qué vergüenza!) y pudieron comprender la historia de la peli, pudiendo comprender todos los componentes de la primera.

Prueba de esta independencia bien lograda es la aparición de Harrison Ford como un secundarísimo Dick Deckard, el gran protagonista de la primera película. Ford, quien está recuperando sus grandes personajes de los ochenta (Han Solo, Indiana Jones y ahora Dick Deckard), posee ese carisma especial de travieso que se quiere héroe.

La aparición de Ford en este film cuadra perfectamente con la historia que se pretende contar, con todo ese foso filosófico acerca de los replicantes: clones sin alma, creados para ser esclavos pero que, como hiciese el Homo Sapiens con Dios, se pretende libre de e igual a su creador. Ese temor que vemos en la saga Terminator, en la saga Matrix, en el Frankenstein de Mary Shelley, o en la serie Westworld. Ese miedo a la creación que perdura, en la que conseguimos establecer nuestros ideales de perfección, imposible de alcanzar siendo simples sapiens.

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Esta vez el protagonista no es un sapiens, sino un replicante de nueva fabricación, el agente K, el cual está diseñado para no sucumbir a las dudas acerca de su (falsa) humanidad. La Tyrell Corporation ha sido comprada por la Wallace Corporation, la cual posee el monopolio de creación de nuevos replicantes, en un número limitado y con mayor capacidad de obediencia. Ryan Gosling es el agente K, del departamento de policía de Los Ángeles. Puede llegar a ser cargante la incapacidad supina de este actor de no mostrar sentimientos, pero cuidado: es un replicante. Y Gosling lo consigue, incluso mientras duda y razona y piensa, su cara es imperturbable. Incluso cuando explica que posee implantes de recuerdos, y no recuerdos, lo dice con parsimonia, como si leyera un formulario burocrático. Toda esta Blade Runner 2049 es también la búsqueda de K de una humanidad que no posee ni puede poseer, una realidad trágica y horrible.

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Junto a Gosling aparecen secundarios relevantes. Ya hemos comentado a Harrison Ford. Aparece el ex luchador de WWE Dave Bautista en un rol bastante importante para la peli –es interesante ver cómo se las apaña este grandullón, ya que también lo vemos en Guardians of the Galaxy y Spectre–. Aparecen también la bella Robin Wright aka Claire Underwood en el papel de la teniente Joshi, la replicante Luv (la holandesa Sylvia Hoakes), la ingeniera Dra. Ana Stelline (la suiza Carla Juri), o el holograma Joi (hermosa Ana de Armas), la novia fake de K que, igual que los replicantes, evoluciona en cuanto a sus sentimientos aun siendo un holograma. Todas ellas son mujeres fuertes y poderosas, cada una a su manera.

Finalmente, cabe destacar al malo de la peli, el megalómano ciego Niander Wallace, interpretado por Jared Leto, una especie de hipster malvado con pretensiones divinas que, ¡atención!, tenía que ser originalmente interpretado por David Bowie.

Blade Runner 2049 posee las características originales de la primera película. Hans Zimmer compone una banda sonora que continúa los compases misteriosos, Los Ángeles es una ciudad monstruosa y sumida en una lluvia constante de ceniza y agua sucia, el mundo está cubierto por una nube de mierda y contaminación, y Las Vegas está comida por el desierto del Mojave. El clima y la Tierra y esa estética de fin del mundo son el mundo ideado por Villeneuve para 2049.

El director desea fotografiar algunos planos, enseñándonos una distopia aparentemente posible. Y recrea el universo de los androides que sueñan en ovejas ideado por Philip K. Dick sin conseguir hacer historia, más allá de regalarnos un muy buen ejercicio de nostalgia.

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