Big Little Lies

Confieso que no me fiaba de esta serie cuando apareció. Vi el tráiler en febrero de este 2017 y no me llamó la atención, así que aparqué la voluntad de verla. Unos meses después mis amigos más seriéfilos comenzaron a comentar la serie. “¿No has visto Big Little Lies? Te encantaría…

¿Una nueva Mujeres Desesperadas? Paso, pensé. “Qué va, es eso y más que eso”, me comentó un amigo inglés. Y sí, es cierto. Es más que eso.

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Big Little Lies es una excelente serie de HBO. En el análisis de Westworld y en el de The Young Pope comentamos que la Home Box Office había sabido gestionar su ambición desmedida después de los poco exitosos, aunque muy notables, Boardwalk Empire y Vynil. La HBO, aquella caja de la que surgieron Sopranos y Game of Thrones, no sabía cómo afianzar a su audiencia, rendida a la revolución Netflix. Hasta que ¡pam! Dosis y más dosis de dólares, millonadas y millones, para hacer obras de arte que sólo veríamos en el cine. Sorrentino y Law firman las andanzas de Pío XIII, mientras que Jonathan Nolan y Anthony Hopkins las de los androides del parque temático del Salvaje Oeste. La HBO se ha abrazado a Hollywood y lo ha convertido en series.

Esta fórmula funciona. Y Big Little Lies es otro ejemplo de ello. Temporada finita, ¿o miniserie? Pocos capítulos, solo siete. Con estrellas como Reese Witherspoon o Nicole Kidman o Shailene Woodley rodeadas de secundarios de lujo como Alexander Skarsgård o Laura Dern o Zoë Kravitz o Adam Scott. La trama gira en torno a las vidas de unas cuantas mujeres desesperadas, todas ellas mujeres que se desean completas, en sus 40 años la mayoría, que aún no saben cómo reaccionar ante la realidad de la adultez. De su adultez. En un pueblo idílico, Monterey, al norte de California, en el que solo viven pijos y hípsters amigos de la tecnología más puntera. Todos ellos son progres, guapos, directos, abiertos, tolerantes… ¿o no?

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Porque Big Little Lies habla de esas pequeñas grandes mentiras, o grandes pequeñas, del día a día: de la vida anodina, los cotilleos, las envidias, los celos, la histeria ahogada de los náufragos, la amordazante hipocresía, la tremenda falsedad, el postureo desmedido. El trío calavera de protagonistas lo forman tres amigas: por un lado, la carismática y divertida ama de casa pija Madeline (una excelente, rebosante, preciosa y pijísima Reese Witherspoon, quien parece una especie de Una rubia muy legal crecidita), quien no comprende a su hija adolescente y está aterrada ante el incansable devenir del tiempo, el cual la envejece a ella y hace que su hija pequeña crezca irremediablemente, pareciendo a veces más madura que su madre.

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Junto a Madeline está Celeste Wright (una Nicole Kidman hermosa, que ha hecho una conjura con el diablo y el bótox para seguir tan guapa y joven aun teniendo 50 –¡cincuenta!– años), madre de gemelos sacados de un anuncio de legía, demasiado bonitos para ser reales, y casada con el guapo Perry Wright, con el que tiene una vida idílica, sacada de un cuento de hadas… hasta que nos damos cuenta de que vive un infierno de malos tratos. Las escenas en las que él la pega (Alexander Skarsgård da miedo, mucho miedo) son muy duras, y las escenas en las que ella intenta excusarlo y aceptar esa realidad lo son aún más.

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Finalmente tenemos a Jane Chapman (la joven Divergente Shailene Woodley), la razón por la que se nos cuenta dicha historia. La mamá más joven, la más ingenua, la más externa del mundo de Madeline y Celeste, pues es una  nueva vecina de Monterey, quien llega al pueblo para encontrar la justicia que no encontró en casa. Jane se hace rápidamente amiga de Madeline y Celeste, enseñándoles y aprendiendo, convirtiéndose en una tercera mosquetera leal para con sus amigas.

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Big Little Lies es una fusión chip y hípster de Mujeres Desesperadas y The OC. Sucede en Monterey, en el norte de California, lugar repleto de casonas, caserones, mansiones, palacetes. Hogar de un progresío hipócrita y anquilosado. Es una serie sobre mujeres. O mejor: sobre madres de niños pequeños. Sobre cómo sufren por sus cachorros, por cómo luchan por ellos, para que éstos vivan una vida de ensueño, sin preocupaciones ni malos rollos. Los esconden del mundo, son su parapeto. Parecen perfectas por ello, pero se van desangrando por dentro, envejeciendo. Todo ello con una banda sonora perfecta, calmada y relajante. La música es de lo mejor de la serie, junto a los paisajes de la alta Alta California.

Los créditos iniciales, con la canción Cold Little Heart de Michael Kiwanuka, nos presentan a las cinco madres más importantes: Madeline/Whiterspoon, Celeste/Kidman, Jane/Woodley, Renata/Dern y Bonnie/Kravitz (nótese que Kravitz es la viva imagen de su papá, pero en chica guapa y joven; por cierto, Zoë Kravitz tuvo a Kidman de madrastra durante unos años en la década de 2000). Nos las presentan conduciendo por los parajes de Monterey, llevando a sus hijos a la escuela. Porque los grandes personajes secundarios son los hijos. Son unos actorazos. Todos ellos. Y los casos que viven ellos, como el bullying en el cole, repercute en la psicología de sus mamás.

Supongo que las mamis de la zona alta de Barcelona, la que en los últimos años lleva el nombre de Upper Diagonal, son como las de Big Little Lies. Aunque más provincianas, más rancias y cerradas, más quiero-y-no-puedo que las mamás ficticias de esta nueva serie de HBO.

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One comment on “Big Little Lies”

  1. Georgina guinovart dice:

    Me encanto esta serie, muy buena en todos los aspectos, fotografía, música, actores y guión. Son series de muy alta cualidad, a nivel película de primera! Yo también os la recomiendo….enhorabuena a los de la bici!

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