BEET. Capítulo Sexto

–¿¡Que estás embarazada?!– La voz de Sofía resuena por toda la casa. Está histérica.  –¿¡Pero tú, niña, estás loca?! ¿¡Y ahora qué?! ¡Seremos el centro de atención de todos los cotilleos! Y yo no podré meterme en ellos…

–Así que serás madre… ¡Guau…! ¿Follásteis a gusto anoche?– pregunta Fernando divertido –Bueno, da igual… Mamá, ¿puedo ir a casa del Petas?

–Haz lo que quieras… Paula, ¡mañana me traes aquí el gabacho ese! ¡¿Vale?!

–Que sí, mamá, sí…

Fernando se dirige a casa del Petas. Hoy por la tarde-noche han quedado con unos amigos de José Antonio Bandeja, el Petas.

Después de unas horas en casa del Petas, los dos amigos cogen las motos y se dirigen en una calle del barrio de Horta de Barcelona. Al llegar a su destinación bajan de la moto y entran en una edificio en ruinas, con unas pancartas donde se lee <<Okupasió forsada!>>. Entran.

Pasan por un pasadizo oscuro, lleno de telas de araña que cuelgan. Llegan a una sala muy grande y alta, con unas tiendas de acampada. Fuera de ellas hay un grupo de gente fumando algo que parece ser muy dulzón. Como si se hubiera contagiado, el Petas saca uno de sus porros, se lo enciende y se lo va fumando.

–Tú espera aquí, Fredy –. Fernando se queda quieto parado delante de una pared y el Petas se junta con ese grupo. Unos tres minutos más tarde José Antonio Bandeja insinúa con un ademán a Fernando que se agrupe con ellos.

Fernando se sienta cerca del Petas y de otro chico, de la misma estatura del Petas. El Petas le ofrece un porro a Fernando y éste lo acepta. De pronto, de una tienda de acampada verde oscuro, sale un chico mayor –de unos veinte años– con cabellos largos y pintados de verde y con barba corta. Se sienta con ellos y pregunta:

–Jóse, ¿quién é tu amigo?

–Se llama Fernando Botella. Son dos años que sabe de la marihuana, así que he pensado…

–Me da igual lo que hayah pensao, tío, aquí solo entra quién yo deho…– deja una bocanada de humo y mira al chico Botella. –Así que tendráh que hasé la prueba, Fernando…

–¿Podrás hacerlo, Fredy? –pregunta el Petas a su amigo, un poco tembloroso.

–Depende de qué prueba…– Un rato de silencio conquista la sala. Los allí presentes son siete, sentados en círculo. Están sentados en el suelo, con las piernas cruzadas. El que parece el jefe del grupo, el chico mayor con pelo verde, levanta la cabeza hacia Fernando Botella.

–Deberáh llevar ette paquetillo a un lugar que mañana te dirá Jóse…– Le tira una bolsa pequeña. Fernando mira lo que hay: hierba, de color verde amarillento y con olor bastante fuerte: cannabis alterado químicamente.

–Roko, ¿no crees que es demasiao peligroso pa’ él?– pregunta el Petas al chico mayor de pelo verde. –O sea… ¿no crees que podría pasarle algo…?

Roko se levanta. Tira el porro y gira alrededor del círculo de chicos. De pronto se para detrás del Petas y lo coge por el brazo, lo levanta bruscamente y le explica:

–Mira, chaval: yo no t’he metío aquí… fuitte tú que quiso hasé de porrero… Como ya t’he dicho más de una ves, niño piho de mierrda: seráh tú el que tendrá que aguantarse… Has’sido tú, ¿no? ¿El que s’ha metío en ette lío?.– Con voz temblorosa el Petas le responde:

–S-s-sí, pero… vale… lo he entendío todo, no te preocupes.– Roko lo deja y el Petas se sienta. El chico mayor se dirige a su tienda, pero antes de entrar se gira y le dice llorando a gota gorda al Petas:

–Yo… snif… Tú ya sabeh que la maría me moletta, ¿no? Yo no soy el que da problemah… ¡Yo no quiero haseroh daño! ¡É la maría que me hase etto!

–Roko, te perdonamos, no te preocupeh…– le dice un chico que está sentado junto al Petas y a Fernando. –Venga… Entra y ponte cómodo… Ya te llamaré cuando pase algo malo, ¿vale?

Entre sollozos Roko entra en la tienda. El chico la cierra y se reincorpora en el círculo, esta vez en el lugar que ocupaba Roko antes. Se presenta a Fernando:

–Bueno, chaval… Dime almenoh cómo te llamas… Yo soy Sol.

–Me llamo Fernando Botella, pero muchos amigos míos me llaman Fredy.

–Aquí te llamaremoh Fernando… Ah, y que quede claro que pa’ vení aquí tendráh que vettirte de otra manera… A nosotroh no noh guttan loh pihos… Y tú ereh uno de elloh…

–Yo no soy pijo– exclama Fernando. –Yo voy vestido casi como’l Petas y como mis otros amigos.

–Mira bien a Jóse: s’ha quitao su ropa piha…– dice Sol –, quítatela también tú, si no quiereh que te la quememoh21…

Fernando, lleno de vergüenza, se quita la sudadera, la camisa y los pantalones, además de los zapatos y calcetines. Entonces los chicos que están allí con él se ríen a carcajadas. Sol, en cambio, lo mira con cara de asco y le dice:

–Es que soih unoh muertoh de hambre… ¡Hasta los calzoncillos son piho! ¡Víttete, por hoy pasa! Pero cuando vuelvah tráete ropa diferente. – Rápidamente Fernando se viste. Lo han humillado mucho, y eso que normalmente era él quién humilla a los demás: según él en ese lugar era un “primo” o un “pringao”.

Después que Sol le diera las instrucciones de la prueba que tenía que hacer, Fernando y José Antonio abandonan el lugar. Salen de la sala –José Antonio sin dejar el porro en ningún segundo– y pasan por todo el largo pasillo hacia la salida. En la puerta hay unos cuatro chicos que vigilan el vestíbulo de lo que fue un tal Hotel Ferioli. Fernando sale el primero, pero el Petas está un rato dentro hablando con esos chicos, que parecen más grandes que ellos dos.

Fernando, desde el exterior, oye que uno de los chicos se burla de él tirándole en cara al Petas:

–Jodé, Jóse, no sabía que te hasíah con etta hente… Son unoh muerto de hambre, y se creen que son loh amoh de’ mundo…

–Lago, nen, yo también soy uno de esos… Vivo en Pedralbes…

–Lo tuyo é diferente: no te chueleteah por allí como ese– el chico escruta rápidamente a Fernando con asquerosidad –mierdas…

El Petas saluda a ese chico –que por lo visto se llama Lago– y se pone el casco. Se sube a la moto. Pero se da cuenta de que Fernando está mirando el suelo, pensativo, sin haberse puesto el casco.

–¿A qué esperas, macho?

–¿Eh…? Ah, en nada…– Fernando se pone el casco y sube a la moto. Él y José Antonio las encienden y arrancan.

<<Me he metío en un buen lío…>> piensa Fernando.

La ambición de Fernando es muy grande. Y además es un chico muy orgulloso y prepotente. Conoce al Petas desde que son pequeños, pero por sus ganas de ser alguien ahora se ha metido en un lío gordo. En un lío más gordo del de su hermana Paula Botella.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *