Batman versus Superman

Como sabes, soy bastante aficionado a los cómics. Especialmente a los de superhéroes. Encuentro fascinante toda la mitología que envuelve a los superhéroes. Veamos a mi superhéroe favorito: Superman.

No es un gran cómic. No es un gran dibujo. Pero la mitología… Su mitología no solo el genial. Es única. Algo básico en la mitología de los cómics es que cada superhéroe tiene su alter ego. Batman no es otro que Bruce Wayne. Spiderman se llama Peter Parker. Cuando el personaje se despierta por las mañanas, solo es Peter Parker. Tiene que ponerse un traje para convertirse en Spiderman. Y esa es la característica que hace de Superman algo único.

Superman no se convirtió en Superman, sino que nació como Superman. Cuando se despierta cada mañana, es Superman. Su alter ego es Clark Kent. Y su traje, en el que lleva esa enorme S, es la prenda en la que lo encontraron los Kent siendo un bebé. Ésa es su ropa. Lo demás –las gafas, el traje de negocios– es su disfraz. Es el disfraz que Superman se pone para ser uno más de nosotros. Clark Kent es su visión de nosotros. ¿Y cuáles son las características de Clark Kent? Es débil, no confía en sí mismo, es un cobarde. Clark Kent: Superman critica así a toda la raza humana.

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Este monólogo no es de Astro o de Daniele. Es de Bill, el antagonista de Kill Bill de Quentin Tarantino. Justo después de dispararle un dardo tranquilizante a Beatrix Kiddo/La Novia/Uma Thurman, Bill/David Carradine –sí, el mismo que se mató de una forma un poco extravagantele cuenta a la Novia el porqué de su preferencia. Superman es Kal-El. Es un kriptoniano que tiene superpoderes gracias a la atmósfera terrestre.

Después de Man of Steel (2013), Zack Snyder nos ha presentado su secuela, Batman v Superman: Dawn of Justice. Aúna tanto a Bruce Wayne, el humano que quiere ser superhéroe, como al extraterrestre cachas Kal-El. El juego está servido para el frikoide Lex Luthor, en las carnes de Jesse Eisenberg. Éste parece hacerle un guiño a su personaje en The Social Network, Marc Zuckerberg, pues esta vez vuelve a ser un magnate de la tecnología de la información y la comunicación, el cual ve en Superman un juguete al que manipular.

Se ha criticado mucho el hecho de que sea Ben Affleck el nuevo Bruce Wayne/Batman. O que Henry Cavill sea un Clark Kent descafeinado. O que Jesse Eisenberg no ha estado a la altura. No estamos de acuerdo. Los personajes han estado bien definidos, e incluso la historia sigue una lógica interesante: Bruce Wayne llega a Metrópolis desde Gotham justo cuando Superman está luchando contra el General Zod, destrozándolo todo, y de paso también la torre de Wayne Industries de Metrópolis. Superman vence al General Zod, pero deja una ciudad arrasada, muchos daños colaterales, y Bruce Wayne ve en este ser una amenaza para el planeta. Es natural que lo vea así: Kal-El, aunque con el semblante humano, es un extraterrestre más letal que todos los clanes terroristas juntos.

El problema aparece hacia la mitad del metraje: ¿por qué incluir a Wonder Woman en esta cinta? ¿Por qué no esperar a la próxima? La inclusión de la bella actriz israelí Gal Gadot como Diana Price/Wonder Woman ha sido un error. Su personaje no brilla, no se comprende. Es una especie de añadido mal estructurado que alarga el filme hacia unas tediosas tres horas. Sin Wonder Woman, Superman y Batman hubiesen ganado a Lex Luthor y sus locuras con la misma facilidad (¿acaso no sabemos aún que en la mitología de los superhéroes siempre ganan los buenos?).

En esta película no faltan unos efectos especiales de videojuego, ni un malo ruso (chicos, es Holywood, donde los malos son o alemanes o rusos), ni una Lois/Amy Adams que intenta ayudar a los superhéroes aunque haciéndose la tocapelotas. Si Man of Steel fue calificada por un amigo nuestro como “la Supercagada”, Batman v Superman es “Man de lo mismo”. No hace falta ser tan ambiciosos. Al fin y al cabo, una cinta de acción debe ser simple y simplona: buenos contra malos, mucho pimpampum, guión socarrón y épico –solo los buenos guionistas pueden conseguirlo–, y cliffhanger final para que Holywood siga sacando leche de la vaca hasta que esta no muera por loca.

Los superhéroes son los dioses clásicos pasados por el filtro de la revolución industrial. Superman es el primer superhéroe, aparecido en 1938. Es el superhéroe que da esperanza, el optimismo, es el súper hombre por antonomasia: fuerte, alto, bello, bueno, simpático, inteligente. Convierte sus debilidades en fortalezas, ayuda a los más débiles. Ante sí, tenemos a Batman. El Hombre Murciélago –creado en 1939– es, en cambio, el existencialismo hecho superhéroe. Aun siendo tan huérfano como Superman, Batman es un hombre normal en una ciudad sin ley, el cual utiliza el miedo como su principal arma. Y, a partir del miedo, se entrena y crea un sinfín de cachivaches para infundirlo, ganar a los villanos, y hacer el bien. Superman y Batman son dos medios para llegar al mismo fin. El primero se parece a Hércules, mientras que el segundo es más bien una especie de Eneas.

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