Americana Film Fest | Top 3

SWISS ARMY MAN

Y llegó ella. Por fin disfrutamos en Barcelona, y en pantalla grande, la flamante ganadora en Sitges 2016; gracias Americana por traer cosas tan locas a la par que bonitas como Swiss Army Man.

La película de los Daniels (sí, así se hace llamar el dúo de directores Daniel Kwan y Daniel Scheinert) es pura dinamita. Un naufrago (el siempre excelente Paul Dano) se encuentra, justo antes de suicidarse, con un cadáver (el genial Daniel Radcliffe) que le salvará la vida. Así empieza la imposible propuesta de los directores que además añaden al concepto el hecho de que el muerto tenga problemas de flatulencias y erecciones descontroladas. Ole tu.

Americana

Así, lo que a priori podría parecer una chorrada grande como un piano se va convirtiendo, plano a plano, en la gamberrada con más calado existencialista vista en años.

Esta inesperada peli de aventuras y supervivencia se convierte en una obra maestra sobre el sentido de la vida, las dificultades de la sociedad actual y la misantropía. Continuas referencias a la cultura popular, artefactos artesanales a la altura del mejor Gondry y la vibrante música de Andy Hull y Robert McDowell dan a Swiss Army Man el estatus de obra de culto.

Divertida, emocionante, emotiva y extrañamente profunda, la obra de Daniels es lo mejor que veréis en mucho tiempo.

Hacer que pedos, erecciones y culos peludos puedan convivir plácidamente con reflexiones sobre el sentido de la vida y alegatos vibrantes sobre el individuo es algo que solo los genios pueden llevar a cabo.

Si tenéis la oportunidad (visto lo visto, no parece tarea fácil) no os podéis (o mejor dicho, debéis) perder esta inclasificable película donde lo macabro y lo gamberro se mezclan con lo mágico para dar cabida al drama, la fantasía, la tragedia y la comedia.

Daniels, os esperamos de vuelta muy pronto.


KICKS

Un sábado estelar que termina con Kicks, incluída en la sección de nuevos talentos“Americana Next. La peli del debutante Justin Tipping nos cuenta la historia de Brandon, un chaval de quince años con un único gran sueño: un par de zapatillas Air Jordan 1, las originales, las primeras, negras y rojas.

Cuando por fin las consigue, un grupo de jóvenes le asalta y se las arrebata. Ese es el desencadenante para que Brandon inicie un viaje hacia la venganza que le llevará por todo tipo de lugares y donde conocerá todo tipo de gente.

sábado

Kicks es la mezcla perfecta entre cine de aventuras, historia iniciática y thriller de venganza bajo los cánones clásicos del western. Eso sí, un western de extrarradio donde intercambiamos los caballos por zapatillas Nike, los saloon por fumaderos de crack y las pistolas por… No, estas mejor nos las quedamos, las vamos a necesitar.

Un trabajo de dirección notable, una fotografía premiada en Tribeca y temazos del mejor rap complementan esta casi perfecta opera prima en la que, quizás, sobra el punto artie (las ensoñaciones del protagonista bajo forma de astronauta) que el director mete con calzador y que, a parte de no aportar nada, se encuentran más que desubicadas.

Justin Tipping tiene estilo y sabe muy lo que quiere contar así que le seguiremos la pista.


JAMES WHITE

Acabamos el festival con una de las cintas más tristes de los últimos tiempos. En el fondo hoy es domingo, mañana será lunes y el espejismo de vivir dentro de un cine se va esfumando así que mejor acabar por los suelos, con el alma desgarrada y prepararnos para una nueva y rutinaria semana.

sábado

Josh Mond se estrena como director con James White, un drama sobre el hombre que da nombre al film; un chico autodestructivo y adicto a todo tipo de excesos que tendrá que enfrentarse, además de a sus demonios interiores, a la reciente muerte del padre y a la más que próxima muerte de la madre, enferma de cáncer.

Con este panorama desolador se presenta la historia que escribe el mismo Mond y que con unos planos claustrofóbicos (casi siempre primerísimos planos, que parecen querer entrar en el alma del protagonista), que recuerdan al trabajo de McQueen en Shame, el uso inteligente de la música y una fotografía que tiñe de tristeza la gran Nueva York, James White no es nada más que la caída en el abismo de un pobre diablo sin futuro.

Acompañamos al pobre James (un Christopher Abbott excelente) en su periplo en el Averno, de fiesta en fiesta, de exceso en exceso y de golpe en golpe. Nos pegamos a su cogote y somos cómplices de su lucha por la supervivencia en un mundo que parece no deberle nada.

Así, casi sin respiración, conteniendo el poco oxigeno que nos queda, el final de la película es uno de los mejores en años y parece querer aprovechar una metafórica bocanada de aire, un ultimo cartucho, la sensación de que algo, en el fondo, aún es posible.

Las perfectas interpretaciones de Abbott y Nixon y las texturas que se nos ofrecen nos sumergen de lleno en la narración y salimos exhaustos de la experiencia, con ganas de abrir la boca y coger todo el aire que podamos.

Dura y sin misericordia, como la vida misma, James White es perfecta para terminar un domingo.

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